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Salmo 44 – No podemos resistir (260)

Imagen del programa Salmo 44 – No podemos resistir (260) en Radio Solidaria

Salmo 44 Versículos 23-26: No podemos resistir

Bienvenidos a Miradas. En nuestro diario paseo por el libro de los salmos, la poesía más grandiosa jamás cantada, hemos llegado, poco a poco, al salmo cuarenta y cuatro que hoy terminamos.

Como este salmo es algo extenso, cada día leemos unos pocos versículos y los comentamos, teniendo en cuenta el conjunto del salmo.

Este salmo cuarenta y cuatro es desconcertante, porque habla de las derrotas del pueblo fiel y de su queja por no comprender la situación, ya que, en el pasado, Dios les daba victoria sobre sus enemigos, siendo motivo de alabanza, y ahora, sin que ellos cambiasen, los entrega incluso al destierro, dando lugar a las feroces burlas de los enemigos que les harían ver la inutilidad de su confianza en Dios. Pero, en medio de tal situación, mantienen su fidelidad y, en los versículos que hoy tendremos delante, hacen una petición angustiosa como diciendo: ya no podemos más.

Los versículos treinta y dos al treinta y seis del salmo cuarenta y cuatro dicen así:

“Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro, Y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra? Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo, Y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra. Levántate para ayudarnos, Y redímenos por causa de tu misericordia”.

Vamos a repasar esta petición que es como un sos, una llamada angustiosa de socorro del pueblo de Dios que sufre violencia y desea la intervención salvadora de Dios con urgencia.

Es más, la situación es tan dolorosa que se quejan una vez más de lo que parece un retraso injustificado de Dios en acudir en su ayuda.

En muchos lugares de nuestro mundo de hoy están ocurriendo situaciones semejantes y se elevan oraciones entre lágrimas muy parecidas a esta. Comienza este ruego con una queja, pues dice:

“Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre”. Tal vez, en algún momento, la situación era tan dolorosa que parecía que Dios ya no se ocupaba de ellos como en el pasado. Con todo, aunque quejándose, siguen buscando su ayuda.

La queja continúa pues añade:

“¿Por qué escondes tu rostro, Y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra?”. Y es que, aunque sepamos que Dios nunca abandona a los suyos, y que sus propósito se cumplen muchas veces por medio del sufrimiento de su pueblo, es difícil razonar esto cuando las negras nubes de la más dura persecución no dejan pasar ni un rayo de luz, pues parece que a Dios ya no le importa.

Las grandes gestas de la fe se producen en estas terribles situaciones.

Seguidamente, el salmista describe con gran detalle, en pocas palabras, la situación que están soportando y que afecta a sus emociones y a su cuerpo, pues dice:

“Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo, Y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra”. Termina este ruego, y el salmo, con un clamor intenso que se apoya en la misericordia como razón para que Dios intervenga, pues dice:

“Levántate para ayudarnos, Y redímenos por causa de tu misericordia”.

Oremos por los que sufren por su fe y nunca dudemos del amor de Dios. Él tiene su tiempo.