Salmo 46 – Seguros en Dios (267)

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y ya hemos llegado al salmo cuarenta y seis, un salmo que rebosa seguridad para el creyente.
Como el salmo tiene poca extensión, lo leeremos completo para después fijar nuestra Mirada en los versículos cuatro al siete del mismo. El salmo cuarenta y seis dice así:
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, El santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. Bramaron las naciones, titubearon los reinos; Dio él su voz, se derritió la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Venid, ved las obras de Jehová, Que ha puesto asolamientos en la tierra. Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, Y quema los carros en el fuego. Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob”.
Ahora, tras leer el salmo completo, leeremos de nuevo, y comentaremos, los versículos cuatro al siete que concentrarán hoy nuestra Mirada.
Los versículos cuatro al siete del salmo cuarenta y seis dicen así: “Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, El santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. Bramaron las naciones, titubearon los reinos; Dio él su voz, se derritió la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob”.
Después de leer estos versículos, que nos cuentan la seguridad que tienen los creyentes en Dios, nos detendremos un poco en cada frase para asimilar mejor el contenido que encierran.
Las primeras palabras nos trasladan a la misma presencia de Dios, a su santuario glorioso, pues dicen así:
“Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, El santuario de las moradas del Altísimo”. Y añade: “Dios está en medio de ella; no será conmovida”.
Lo especial no es lugar, sino quien está allí, el Dios de la gloria. Seguidamente, el salmista se traslada al santuario terrenal, al lugar donde adoran los creyentes y donde el Dios de la gloria se manifiesta cuando sus hijos están en peligro, pues dice:
“Dios la ayudará al clarear la mañana”. Y, seguidamente, menciona una coalición de poderes que son sorprendidos y atemorizados por la presencia de Dios que manifiesta su poder irresistible en medio de los suyos, cuando dice:
“Bramaron las naciones, titubearon los reinos; Dio él su voz, se derritió la tierra”.
Terminan estos versículos con una declaración de total seguridad en Dios, que es de gran consuelo para los creyentes, pues dice:
“Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob”. ¿Es el tuyo?