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Salmo 49 – Atended (276)

Imagen del programa Salmo 49 – Atended (276) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Casi sin darnos cuenta, a base de progresar un poco cada día, hemos llegado al salmo cuarenta y nueve.

Este salmo es uno de los que se parecen mucho al libro de Proverbios y podríamos titularlo: Valores, los valores auténticos, o sea, los de Dios, porque de ellos trata en el salmo, lo iremos viendo a base de examinar un trozo del salmo cada día.

Aunque no es muy extenso, sí es lo suficiente para que leamos solamente el texto que vayamos a examinar cada día.

Hoy pondremos nuestra Mirada en los versículos uno a cinco de ese salmo e iremos meditando cada frase del mismo.

Los cinco primeros versículos del salmo cuarenta y nueve dicen así:

“Oíd esto, pueblos todos; Escuchad, habitantes todos del mundo, Así los plebeyos como los nobles, El rico y el pobre juntamente. Mi boca hablará sabiduría, Y el pensamiento de mi corazón inteligencia. Inclinaré al proverbio mi oído; Declararé con el arpa mi enigma. ¿Por qué he de temer en los días de adversidad, Cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare?”.

Después de leerlos, vamos a ir repasando cada frase de estos primeros versículos.

El salmo encuadra, para comenzar, a los oyentes de su mensaje, porque dice:

“Oíd esto, pueblos todos; Escuchad, habitantes todos del mundo”.

Es evidente que ninguna nación o raza queda excluida en este inicio, y, por otra parte, quien da el mensaje tiene autoridad para convocarlos a todos.

El salmo es parte de la Palabra de Dios y esta Palabra es para todo el mundo. Pero, la siguiente frase especifica aun más quienes son los destinatarios del salmo, pues dice:

“Así los plebeyos como los nobles, El rico y el pobre juntamente”.

Para que no haya dudas, se convoca a escuchar a todas las clases sociales y a todas las diferentes situaciones económicas. Nadie está excluido, porque la Palabra de Dios es necesaria para todo ser humano. Seguidamente anticipa de que va a hablar, cual va a ser el tema de la disertación, pues dice:

“Mi boca hablará sabiduría, Y el pensamiento de mi corazón inteligencia”.

Preparémonos, pues, para escuchar dichos de auténtica sabiduría, la sabiduría que viene de Dios, que es la única auténtica.

Los salmos eran canciones, porque las canciones han sido, a lo largo de la historia, una forma excelente de memorizar declaraciones o hechos importantes.

Por esa razón los dichos sabios de este salmo van a ser cantados, acompañados de música, como seguramente lo hizo David muchísimas veces, pues dice ahora el salmo:

“Declararé con el arpa mi enigma”.

La mención de “enigma” seguramente se refiere al hecho de que las declaraciones de la Palabra de Dios requieren ser examinadas con atención, con meditación, para comprenderlas bien.

La siguiente manifestación es un desafío en toda regla, pues recuerda al que se guía por la Palabra de Dios que no tienen sentido los miedos cuando se levanta oposición, lo dice con estas palabras:

“¿Por qué he de temer en los días de adversidad, Cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare?”.

Y es que, la verdadera sabiduría, la de Dios, es una sólida defensa contra el temor a las circunstancias, por difíciles que estas sean.