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Salmo 49 – No sirven (277)

Bienvenidos a Miradas. El continuado recorrido por el libro de los salmos, sin dejarnos ninguno atrás, nos ha traído hasta el salmo cuarenta y nueve.
Este salmo es distinto a la mayoría de los demás salmos, porque este es un salmo de sentencias sabias, muy parecido en su leguaje al libro de los Proverbios.
Por esa razón le hemos dado el título general de Valores, ya que de valores habla, pero de los valores de Dios, es decir, de los buenos, de los auténticos.
Vamos a leer los versículos seis al diez de este salmo cuarenta y nueve para después comentarlos, dicen así:
“Los que confían en sus bienes, Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, Ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás), Para que viva en adelante para siempre, Y nunca vea corrupción. Pues verá que aun los sabios mueren; Que perecen del mismo modo que el insensato y el necio, Y dejan a otros sus riquezas”.
La primera frase que vamos a analizar, es bastante familiar porque describe perfectamente un tipo de personas y algo que piensa casi todo el mundo:
“Tanto tienes, tanto vales”, es decir, si no tienes, no eres nada, pues esta primera frase dice así:
“Los que confían en sus bienes, Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan”.
No es necesario esforzarse mucho para ver cada día las exhibiciones, no solo de los muy ricos, sino de los que cifran en tener cosas o dinero la máxima realización en la vida.
Dedican el máximo esfuerzo a tener más y presumen ante los demás de lo que han conseguido, como si eso fuese lo más importante de la vida.
Pero, seguidamente, el salmo descubre un gravísimo fallo en esta valoración, pues presenta una imposibilidad del poder económico, por grande que este sea, al decir:
“Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano”.
Es evidente que esta redención se refiere a conseguir rescatarlo de la perdición eterna.
Aquí el dinero no vale para nada, aunque algunos crean que sí. Y, por si no se ha comprendido bien, para que quede muy claro, añade:
“Ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás), Para que viva en adelante para siempre, Y nunca vea corrupción”.
Esto deja claro que salvar una vida del infierno eterno, consecuencia del pecado contra Dios, no se puede conseguir con dinero porque Dios no admite esa moneda como pago.
Es más, ni siquiera sirve para alargar la vida presente, pues también dice:
“Pues verá que aun los sabios mueren; Que perecen del mismo modo que el insensato y el necio”.
Y es que, a lo largo de la historia, se han hecho, y se siguen haciendo, grandes esfuerzos e inversiones de dinero para conseguir alargar la vida y no hay forma de conseguirlo y la ciencia se estrella una y otra vez contra ese hecho irremediable de la muerte.
Y la muerte añade otra frustración más a los ricos, y es que no pueden llevarse sus riquezas consigo, y lo que les ha costado tantos esfuerzos y sacrificios va a ser disfrutado por otros, pues dice:
“Y dejan a otros sus riquezas”.