Salmo 49 – Falsa esperanza (278)

Bienvenidos a Miradas. Paso a paso, día tras día y salmo tras salmo, hemos llegado al salmo cuarenta y nueve, un salmo que trata de valores, especialmente del verdadero valor de las posesiones materiales, pues hace un análisis muy claro de la inutilidad del tener bienes de este mundo para conseguir algo de Dios.
Cada día leemos un trozo del salmo y comentamos frase por frase, hasta completar el salmo.
Hoy leeremos, para comentarlos, los versículos once al trece, que amplían el análisis del pensamiento de los que confían en sus riquezas.
Los versículos once al trece del salmo cuarenta y nueve dicen así:
“Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas, Y sus habitaciones para generación y generación; Dan sus nombres a sus tierras. Mas el hombre no permanecerá en honra; Es semejante a las bestias que perecen. Este su camino es locura; Con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos”.
Ahora, después de leer estos versículos, vamos a comentarlos despacio, deteniéndonos en cada frase.
La primera frase nos descubre el ansia de permanencia que tiene todo ser humano, pero, en este caso, basada en las posesiones materiales que se van acumulando a lo largo de la vida, como objetivo básico de la misma, pues dice:
“Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas, Y sus habitaciones para generación y generación”.
Las inversiones en las viviendas son siempre proporcionales a las posibilidades económicas de su dueño, y, generalmente, son un exponente muy claro y visible de su poder financiero.
Además, se construyen sólidas para que trasciendas a sus propietarios, de tal forma que ya que ellos no pueden, por lo menos sus casas mantengan la memoria de su grandeza.
Esto se amplía en el salmo con la frase siguiente, que dice:
“Dan sus nombres a sus tierras”.
Porque, sigue diciendo el salmo, el ser humano, a pesar de su gran superioridad sobre los animales, no les supera en relación a la muerte, por lo cua, todas sus grandezas quedan atrás y no le sirven de nada al final de su vida, el salmo lo dice así: “Mas el hombre no permanecerá en honra; Es semejante a las bestias que perecen”.
Y es que la muerte es la máxima frustración de los seres humanos ya que termina abruptamente con todas sus ilusiones y proyectos sin que nadie tenga la menor posibilidad de detenerla, ni siquiera de aplazarla.
A pesar de ello, las personas no aprenden, y siguen depositando en el tener sus máximas ambiciones, sin atender a las advertencias divinas por medio de las Escrituras que anuncian reiteradamente la oferta de vida eterna por medio de la fe en Jesucristo.
Estas reflexiones del salmista le llevan a definir tal comportamiento como enagenación mental, aunque, sorprendentemente, los demás que observan estas cosas, incluso los más cercanos, tampoco aprenden de ellas sino que las imitan, el salmo lo explica así:
“Este su camino es locura; Con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos”.
¡Que triste que no aprendamos de las experiencias ajenas para buscar en Dios la permanencia auténtica!
Porque no hay otra opción por mucho que se busque.