Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 49 – Descansa (280)

Imagen del programa Salmo 49 – Descansa (280) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Nuestra progresión por el libro de los salmos nos ha llevado hasta el salmo cuarenta y nueve, que hoy terminamos.

Este salmo contiene una serie de sentencias sabias sobre la economía personal. Avisa con claridad sobre la inutilidad de cifrar lo más importante en la vida sobre el dinero o las posesiones.

Hoy leeremos los cinco últimos versículos del salmo para comentarlos a continuación frase por frase.

Los cinco últimos versículos del salmo cuarenta y nueve se dirigen al creyente que a veces siente que su fe se tambalea cuando ve como prosperan los que solo tienen el poseer como objetivo básico de sus vidas y dicen así:

“No temas cuando se enriquece alguno, Cuando aumenta la gloria de su casa; Porque cuando muera no llevará nada, Ni descenderá tras él su gloria. Aunque mientras viva, llame dichosa a su alma, Y sea loado cuando prospere, Entrará en la generación de sus padres, Y nunca más verá la luz. El hombre que está en honra y no entiende, Semejante es a las bestias que perecen”.

Tras leer estos últimos versículos del salmo cuarenta y nueve vamos a ir poniendo nuestra Mirada sobra cada frase de los mismos, sin olvidar que son una advertencia para el creyente.

La primera frase advierte sobre el peligro de dejarse llevar por los valores de este mundo y llegar a creer que no hacerlo es un fracaso, pues dice:

“No temas cuando se enriquece alguno, Cuando aumenta la gloria de su casa”.

Es decir, no pienses que ha sido un error no dedicarte a tener más bienes, más poder económico, cuando veas como prosperan los que sí lo han hecho así. Porque, sigue diciendo con contundencia, no les va a servir de nada después de la muerte.

Lo cual da a entender que al creyente sí le sirve su fe en Dios y su dedicación a Él, pues dice el salmo:

“Porque cuando muera no llevará nada, Ni descenderá tras él su gloria”. Vamos, que, por frustrante que parezca, lo conseguido en este mundo no le servirá para nada en el otro, es decir en la eternidad después de la muerte física. Y esto, aunque ahora reciba la alabanza de los que se arriman a su riqueza para ver si les cae algo para ellos, o simplemente, porque a los que tienen se les admira, por eso el salmo sigue diciendo:

“Aunque mientras viva, llame dichosa a su alma”, y añade lo más dramático, lo que va más allá de esta vida, “Y sea loado cuando prospere, Entrará en la generación de sus padres, Y nunca más verá la luz”.

Es decir, no solo terminará en la tumba sino que tampoco tiene esperanza después, porque los bienes de este mundo no tienen validez para comprar los bienes eternos. Por esa razón, la moraleja del salmo es:

“El hombre que está en honra y no entiende, Semejante es a las bestias que perecen”.

O sea, el que estando en una buena situación, no se da cuenta que lo más importante es resolver su futuro eterno, no demuestra más inteligencia que una bestia de carga.

Esto suena muy fuerte, muy desagradable, pero es Dios quien lo dice, lo cual quiere decir que es cierto, por lo tanto, toma nota y reacciona buscando a Dios con preferencia a cualquier bien material, porque eso es lo único que importa.