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El libro de la vida: Jeremías | Antiguo Testamento

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El Libro de Jeremías registra las profecías finales a Judá, advirtiéndoles de la destrucción por venir, si la nación no se arrepiente. Jeremías hace un llamado a la nación para volverse a Dios. Al mismo tiempo, Jeremías reconoce la inevitable destrucción de Judá, debido a su no arrepentida idolatría e inmoralidad.

El Libro de Jeremías es primeramente un mensaje de juicio sobre Judá por la creciente idolatría. Después de la muerte del Rey Josías, el último rey justo, la nación de Judá había abandonado casi completamente a Dios y Sus mandamientos.

Jeremías compara a Judá con una prostituta (Jeremías 2: 20; 3:1-3). Dios había prometido que Él juzgaría la idolatría de la forma más severa (Levíticos 26: 31-33, Deuteronomio 28: 49-68), y Jeremías estaba advirtiendo a Judá que el juicio de Dios estaba a la puerta.

Salmo 50 – Convocatoria divina (281)

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Bienvenidos a Miradas. Nuestra tarea diaria de recorrer los salmos, nos ha traído hasta el salmo cincuenta que hoy comenzamos. Ya sabes que si el salmo que comentamos no es muy breve, tratamos un trozo del mismo cada día, leyéndolo primero y después comentando frase por frase del mismo.

Este salmo cincuenta es una solemne llamada al orden al pueblo de Dios, en presencia de todo el orbe, exigiendo una adoración sincera y el abandono de conductas que no honran a Dios.

Hoy leeremos los primeros versículos que convocan al auditorio, presentando al Todopoderoso convocante.

Los versículos uno al tres del salmo cincuenta dicen así:

“El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado la tierra, Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. De Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido. Vendrá nuestro Dios, y no callará; Fuego consumirá delante de él, Y tempestad poderosa le rodeará”.

Esto dicen los tres primeros versículos del salmo cincuenta, que ahora vamos a meditar más despacio. Estos versículos son una solemne convocatoria, porque es Dios mismo quien lo hace, presentándose ante toda la humanidad, o más bien ante toda su creación. Se inicia la convocatoria con estas palabras:

“El Dios de dioses, Jehová, ha hablado”.

Así pues, no se trata de ningún grande de este mundo, sino del mismo Señor de la gloria, del Todopoderoso, del único Dios eterno y Soberano que se presenta para convocar.

Es el Dios sobre todo lo que se llame dios sin serlo, es el Dios Eterno, que era que es y que será, el único que puede prometer y cumplir eternamente lo que promete. Seguidamente anuncia el ámbito de su convocatoria al decir: “ha hablado, y convocado la tierra, Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone”.

No queda ningún rincón fuera de la convocatoria ya que, en principio, convoca a toda la tierra habitada, todos los lugares que ilumina el sol en su diario recorrido.

Seguidamente se inicia la presentación del excelso convocante, pues dice:

“De Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido”.

Dicho en otras palabras, el resplandor insoportable de la presencia de Dios se manifiesta desde su santuario.

A continuación, ya se anticipa el tema del salmo pues dice:

“Vendrá nuestro Dios, y no callará”.

Es decir, lo que tenga que decir lo va a decir, sin guardarse nada, o, dicho coloquialmente, os va decir las verdades de una vez por todas. Pero, la presencia de Dios siempre se anuncia rodeada de gloria y de manifestaciones majestuosas, la primera que menciona el salmo es muy típica en las manifestaciones divinas, el fuego, pues dice:

“Fuego consumirá delante de él”.

Es el fuego que consume todo aquello que no está a la altura de su santidad, un fuego temible. Aun añade otra, los elementos desatados en toda su fuerza, una furiosa tormenta que no hay fuerza humana que la resista pues añade:

“Y tempestad poderosa le rodeará”.

Al leer este inicio del salmo es como si nos encontrásemos en la misma presencia de Dios y fuésemos a asistir como espectadores a esa solemne convocatoria, y, en realidad, eso haremos, si Dios quiere, los próximos días.