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Salmo 51 – He comprendido (290)

Imagen del programa Salmo 51 – He comprendido (290) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Este programa sigue avanzando por el libro de los salmos y ya hemos llegado al final del salmo cincuenta y uno.

Este salmo es uno de los más conocidos y desde el comienzo del siglo diecisiete es muy famosa la adaptación musical, para cantar a capella, de este salmo, realizada por Gregorio Alegri.

Se conoce esta pieza musical como el Miserere de Alegri, porque miserere es la primera palabra del salmo en latín.

Se cuenta que Mozart, con catorce años, lo escuchó una vez y al llegar a su alojamiento lo reprodujo nota por nota.

El salmo es una confesión de pecado y la petición de perdón. Cada día leemos unos cuantos versículos para después comentarlos, hoy leeremos los tres últimos del salmo.

Los versículos diecisiete al diecinueve del salmo cincuenta y uno dicen así:

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Haz bien con tu benevolencia a Sion; Edifica los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar”.

Vamos a detenernos especialmente en las dos últimas frases de la confesión y petición de perdón y en las cuales el salmista demuestra haber comprendido como funciona el perdón de Dios, porque después de haber dicho:

“Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto”.

Es decir, después de reconocer que el perdón de Dios no se puede comprar con ofrendas de ningún tipo, ni tampoco con rituales más o menos caros, pues el salmista David dice a continuación:

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado”.

O sea, lo que a Dios le agrada es el corazón humillado y contrito, reconociendo el pecado y pidiendo perdón, porque Dios no perdona en proporción a la riqueza de la ofrenda sino por el sincero arrepentimiento del pecador.

Esto David lo repite para que entienda bien, porque es fundamental comprenderlo para ser perdonado, pues dice:

“Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Cuando no se entiende esto, o no se quiere humillarse delante de Dios, no hay nada que hacer, no hay perdón posible, ni aunque se amontonen sacrificios y ofrendas durante toda una vida.

Las dos siguientes frases se han tomado como añadidas en una época muy posterior porque hablan de reedificar Jerusalén y esto se produjo al regreso del exilio, en tiempos de Nehemías, pero el conjunto del salmo apunta mas bien a que se trata de una renovación espiritual, de un fortalecimiento en un momento bajo, pues aunque dice:

“Haz bien con tu benevolencia a Sion; Edifica los muros de Jerusalén”.

Seguidamente habla de un culto sincero y correcto que agrade a Dios en las últimas frases del salmo, que dicen así:

“Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar”.

Si a Dios le agradaban los actos de culto era porque la condición espiritual del pueblo era la correcta.

Recuerda que, sea cual sea tu situación, Dios te recibe si vas a Él arrepentido de corazón. No lo dejes para mañana,