Salmo 55 – Quisiera huir (297)

Bienvenidos a Miradas. Nuestro programa está recorriendo los salmos, sin dejar ninguno atrás, desde el salmo primero, y ya hemos llegado al salmo cincuenta y cinco, siendo este el segundo programa sobre el mismo.
El salmo cincuenta y cinco es uno de los que escribió David, quien primero fue pastor, después soldado y por fin rey de Israel.
David es el principal autor de los salmos y a él debemos los más bellos y emotivos, que han emocionado a millones de personas a lo largo de la historia.
En este salmo David pide ayuda a causa de un enemigo especial que parecía ser amigo, y como tal era tratado, teniendo acceso a sus confidencias y resultó ser un peligroso traidor, muy peligroso porque conocía sus puntos flacos, y un enemigo así es el peor enemigo.
Después de haber visto el clamor por ayuda, en los primeros versículos del salmo, hoy veremos los versículos cinco al ocho del salmo, en los cuales David, plantea quitarse de en medio, huir, para librarse del enemigo.
Los versículos cinco al ocho del salmo cincuenta y cinco dicen así:
“Temor y temblor vinieron sobre mí, Y terror me ha cubierto. Y dije:
¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría. Ciertamente huiría lejos; Moraría en el desierto. Me apresuraría a escapar Del viento borrascoso, de la tempestad“.
El salmista confiesa delante de Dios su gran temor, vamos, en realidad, reconoce que está aterrorizado, algo no muy común en un valiente como era David y como lo había demostrado en múltiples ocasiones, pero, en este caso, lo reconoce con estas palabras:
“Temor y temblor vinieron sobre mí, Y terror me ha cubierto”.
El temor era tanto, que se plantea huir, marcharse lejos para tener tranquilidad por fin, porque aquella situación era insoportable para él.
David expresa este deseo de marcharse, de huir del enfrentamiento con estas palabras:
“¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría”.
¡Cuantas veces habremos pensado algo semejante! Irnos lejos de nuestros problemas y recuperar la tranquilidad de no tenerlos constantemente presionando nuestra mente y llenándonos de angustia.
El salmista insiste en la idea de huir, de volar alejándose de su enemigo y de la ansiedad que le produce, incluso aunque esto suponga estar solo en lugares inhóspitos, pues añade:
“Ciertamente huiría lejos; Moraría en el desierto”. Y no solo piensa en irse, en huir, sino que quisiera hacerlo cuanto antes, para dejar atrás el objeto de su temor, su enemigo, cuanto antes, lo dice así:
“Me apresuraría a escapar Del viento borrascoso, de la tempestad”.
¿Quién no he tenido el mismo deseo? Alejarse del problema de la situación, de la angustia, para no sufrir más. Pero, los problemas nos acompañan allí donde vayamos, no podemos dejarlos atrás, no podemos huir de ellos.
Si hemos prestado atención veríamos que David lo plantea como una hipótesis inalcanzable, pues dice:
“¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría”.
Es decir, ya sabe que no es posible, pero se siente tan mal que le gustaría hacerlo.
Si estás en medio de una situación terrible, aunque pienses que huir te librará, haz como David, pide socorro a Dios.