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Salmo 55 – Traicionado (298)

Imagen del programa Salmo 55 – Traicionado (298) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Estamos recorriendo el libro de los salmos, la poesía de Dios, y ya hemos llegado al salmo cincuenta y cinco, siendo hoy el tercer día del examen del mismo.

En los versículos uno al ocho el salmista pide socorro a causa de su enemigo e incluso se plantea huir, en los que veremos hoy descubre la identidad de su enemigo, un traidor que conocía muy bien sus intimidades y tenía por lo tanto mucha ventaja a la hora de atacarle.

Como cada día, leeremos unos versículos y los comentaremos. Los versículos nueve al catorce del salmo cincuenta y cinco dicen así:

“Destrúyelos, oh Señor; confunde la lengua de ellos; Porque he visto violencia y rencilla en la ciudad. Día y noche la rodean sobre sus muros, E iniquidad y trabajo hay en medio de ella. Maldad hay en medio de ella, Y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas. Porque no me afrentó un enemigo, Lo cual habría soportado; Ni se alzó contra mí el que me aborrecía, Porque me hubiera ocultado de él; Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, Mi guía, y mi familiar; Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, Y andábamos en amistad en la casa de Dios“.

Ahora, que ya lo hemos leído, vamos a comentar estos versículos.

El salmista no puede evitar un deseo de justicia, que demanda del Señor diciendo: “Destrúyelos, oh Señor; confunde la lengua de ellos”.

No sigue demandando justicia pero sí aporta las razones que le motivan para pedirlo, diciendo: “Porque he visto violencia y rencilla en la ciudad. Día y noche la rodean sobre sus muros”. Y las perversidades no cesan nunca donde vive el enemigo, el salmista lo dice así: “E iniquidad y trabajo hay en medio de ella”.

Seguidamente insiste aun más en las razones para demandar justicia, diciendo:

“Maldad hay en medio de ella, Y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas”.

Es decir, un ambiente continuo de mal de todo tipo. Y ahora viene lo que más le duele al salmista, la traición de un amigo, ¿O sería un enemigo disfrazado de amigo? Comienza presentándolo así:

“Porque no me afrentó un enemigo, Lo cual habría soportado”. Insiste David en lo que le ha dolido, diciendo que no pudo precaverse, porque no esperaba ser traicionado, lo dice con estas palabras: “Ni se alzó contra mí el que me aborrecía, Porque me hubiera ocultado de él”. Y por fin, comienza la descripción del traidor diciendo: “Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, Mi guía, y mi familiar”.

¡Como duele eso! Recibir una puñalada trapera de alguien cercano con quien se comparte la intimidad familiar.

Es más, incluso era confidente, que es el nivel más íntimo de relación, vamos, que lo sabía todo de él, pues dice: “Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos”.

Pero, aun hay más, lo cual aumenta el dolor del traicionado, el renegado traidor, compartía su misma fe y adoraban juntos como hermanos, ¿Puede haber intimidad mayor?

Yo creo que llorando, lo dice así: “Y andábamos en amistad en la casa de Dios”.

Lo precioso de esta historia, es que el traicionado, de una forma tan vil, se dirige a Dios para pedir ayuda y justicia y no arremete personalmente contra el traidor.