Salmo 55 – Dos mundos (299)

Bienvenidos a Miradas. Si es la primera vez que nos escuchas, te diremos que este breve programa es un comentario diario del libro de los salmos, de la Biblia, naturalmente.
Cada día leemos un trocito y lo comentamos, procurando ser fieles a su contenido.
Hemos comenzado por el salmo primero y, a punto de cumplir nuestro programa trescientos, ya estamos terminando el salmo cincuenta y cinco.
Este salmo fue compuesto por David, el rey de Israel, en un momento muy difícil de su vida. Había sido traicionado por un falso amigo y peligraba su vida.
Hoy veremos los versículos quince al diecinueve de este salmo, que dicen así:
“Que la muerte les sorprenda; Desciendan vivos al Seol, Porque hay maldades en sus moradas, en medio de ellos. En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará. Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz. El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, Aunque contra mí haya muchos. Dios oirá, y los quebrantará luego, El que permanece desde la antigüedad; Por cuanto no cambian, Ni temen a Dios“.
Después de leer estos versículos, vamos a comentarlos más despacio.
Como habrás observado, en ellos predomina la confianza en Dios, pero hay un vivo deseo de castigo, que se repite, con la misma brevedad, tres veces más en el salmo.
No perdamos de vista que el salmista no dice que los va a castigar personalmente sino que él pone su causa en las manos de Dios, es importante tener esto claro, pues dice:
“Que la muerte les sorprenda; Desciendan vivos al Seol”.
En todo caso, seguidamente, indica la razón de este deseo, pues dice:
“Porque hay maldades en sus moradas, en medio de ellos”. Y esto de las maldades se trata de maldades contra Dios, que es quien va a castigar.
Seguidamente, el salmista se vuelve a su propia situación delante de Dios, para, finalmente, contrastarla con la de sus enemigos. Veamos las frases que nos ha dejado.
La primera es de seguridad en Dios, pues dice: “En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará”.
Vamos, que lo tiene claro, recurre a Dios, porque sabe que Dios le librará.
Con todo, su oración es constante, a todas horas, aunque sabe que será escuchado, esto nos desafía a orar en todo tiempo sin cansarnos, confiando en que Dios oye y responde, pero sin dejar de suplicar, dependiendo siempre de él el salmista lo dice así:
“Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz. El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí”.
La confianza del salmista en Dios es firme y se mantiene sean cuantos sean sus enemigos, es decir, su confianza en el poder salvador del Dios eterno no depende de la importancia de sus enemigos. Pues dice seguidamente:
“Aunque contra mí haya muchos. Dios oirá, y los quebrantará luego El que permanece desde la antigüedad”. Y, en la última frase que veremos hoy nos deja una explicación de justicia de la acción de castigo divino, y es que sus enemigos lo son de Dios, pues dice:
“Por cuanto no cambian, Ni temen a Dios”.
Esto nos hace pensar que sus enemigos, lo eran porque David era fiel a Dios e iban contra Dios en la persona de David. Si estás en el mismo caso, ora y confía.