Salmo 57 – Seguridad de salvación (306)

Bienvenidos a Miradas. Hoy comenzamos el estudio del salmo cincuenta y siete, que es uno de los que escribió David, el salmista que fue pastor, soldado y rey.
En este salmo ensalza la salvación de Dios. Leeremos el salmo completo para después dedicarnos a meditar en el versículo primero.
El salmo cincuenta y siete dice así:
“Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; Porque en ti ha confiado mi alma, Y en la sombra de tus alas me ampararé Hasta que pasen los quebrantos. Clamaré al Dios Altísimo, Al Dios que me favorece. El enviará desde los cielos, y me salvará De la infamia del que me acosa; Dios enviará su misericordia y su verdad. Mi vida está entre leones; Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; Sus dientes son lanzas y saetas, Y su lengua espada aguda. Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra sea tu gloria. Red han armado a mis pasos; Se ha abatido mi alma; Hoyo han cavado delante de mí; En medio de él han caído ellos mismos. Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; Cantaré, y trovaré salmos. Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa; Me levantaré de mañana. Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; Cantaré de ti entre las naciones. Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, Y hasta las nubes tu verdad. Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra sea tu gloria”.
Ahora, después de leer el salmo entero, vamos a meditar en el versículo primero del mismo.
El versículo uno del salmo cincuenta y siete dice así: “Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; Porque en ti ha confiado mi alma, Y en la sombra de tus alas me ampararé Hasta que pasen los quebrantos”.
Como tenemos por costumbre, vamos a ir desgranando el texto, frase por frase, para saborearlo mejor. Ya dijimos antes que el tema del salmo es: Dios salva. Pues, dentro de ese tema general encontramos la primera frase del mismo que dice: “Ten misericordia de mí, oh Dios”.
Aunque lo repitamos muchas veces, seguirá siendo cierto que cuando se invoca la misericordia de Dios, se está reconociendo una total indignidad y merecimiento para recibir la ayuda divina.
David pide ayuda personalmente para si mismo y lo hace reconociendo su desmerecimiento personal.
Seguidamente, repite la petición inicial, pero añadiendo algo muy importante y es que recurre a Dios porque únicamente confía en Él, lo dice con estas palabras: “ten misericordia de mí; Porque en ti ha confiado mi alma”. Y, seguidamente, añade algo más que revela su confianza en la salvación de Dios, aunque no la merezca, pues dice: “Y en la sombra de tus alas me ampararé”.
Como un pollito que ante el peligro se refugia bajo las protectoras alas de su madre, así lo hace él, amparándose bajo la protección del Dios Todopoderoso, en cuya misericordia confía.
Termina esta parte del salmo, esta petición inicial, con un detalle más, absolutamente lógico, y es que se acoge al cuidado de Dios mientras dure el peligro, pues dice:
“Hasta que pasen los quebrantos”.
Solo Dios salva, no hay otro. ¿Te has acogido a su misericordia? Hazlo ya.