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Salmo 57 – Palabras agresivas (308)

Bienvenidos a Miradas. En nuestro recorrido por el libro de los salmos hemos llegado ya al salmo cincuenta y siete.
Este salmo es uno de los muchos que escribió el rey David y proclama la salvación de Dios, de tal manera que podemos titular el salmo “Dios salva”.
Leeremos el salmo entero para después examinar frase por frase el versículo cuatro del mismo.
El salmo cincuenta y siete dice así: “Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; Porque en ti ha confiado mi alma, Y en la sombra de tus alas me ampararé Hasta que pasen los quebrantos. Clamaré al Dios Altísimo, Al Dios que me favorece. El enviará desde los cielos, y me salvará De la infamia del que me acosa; Dios enviará su misericordia y su verdad. Mi vida está entre leones; Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; Sus dientes son lanzas y saetas, Y su lengua espada aguda. Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra sea tu gloria. Red han armado a mis pasos; Se ha abatido mi alma; Hoyo han cavado delante de mí; En medio de él han caído ellos mismos. Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; Cantaré, y trovaré salmos. Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa; Me levantaré de mañana. Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; Cantaré de ti entre las naciones. Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, Y hasta las nubes tu verdad. Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra sea tu gloria”.
Como ya hemos terminado de leer el salmo cincuenta y siete, vamos a meditar en el versículo cuatro del mismo, que describe la principal razón del sufrimiento del salmista y que no es otra que la difamación brutal de la cual es objeto, por parte de sus enemigos, que saben muy bien que las palabras pueden herir y destruir con la misma eficacia que las armas, pues dice así:
“Mi vida está entre leones; Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; Sus dientes son lanzas y saetas, Y su lengua espada aguda”.
Vamos a repasar estos versículos, examinando cada frase de los mismos, pues tienen mucho contenido.
En la primera frase, David compara a sus enemigos con los mayores depredadores de la selva dispuestos a saltar sobre él, pues dice de ellos:
“Mi vida está entre leones”.
En la frase siguiente intensifica la descripción de sus enemigos al decir que fue arrojado entre ellos y le quieren consumir, pues dice:
“Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas”.
Seguidamente, nos deja otra frase que se va acercando a la clave de las armas que se emplean contra él, pues abundando en la figura de las fieras, dice que sus enemigos están bien armados con estas palabras:
“Sus dientes son lanzas y saetas”. Y, por fin, señala sin dudarlo al arma más terrible que estaban usando contra él: Las palabras.
Ya dijimos antes que las palabras pueden herir y destruir con más eficacia que las llamadas armas blancas y a ellas las compara David cuando dice:
“Y su lengua espada aguda”.
No podemos evitar las palabras hirientes de los demás, pero sí podemos evitar las propias, podemos evitar herir con las palabras, Tengamos muchísimo cuidado.