Salmo 57 – Alabando al Salvador (310)

Bienvenidos a Miradas. Nuestro paseo diario por este precioso libro de los salmos, nos ha traído hasta el salmo cincuenta y siete, que hoy terminamos meditando en los cinco últimos versículos del mismo.
El salmo cincuenta y siete fue escrito por el rey David, el salmista por excelencia, al cual el apóstol Pedro en su sermón de pentecostés llama profeta porque en algunos de sus salmos también hubo anuncios de parte de Dios para el futuro.
En el salmo cuya meditación terminamos hoy hay un canto entusiasta a la salvación de Dios.
Leeremos el salmo completo para después meditar en los últimos cinco versículos.
El salmo cincuenta y siete dice así:
“Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; Porque en ti ha confiado mi alma, Y en la sombra de tus alas me ampararé Hasta que pasen los quebrantos. Clamaré al Dios Altísimo, Al Dios que me favorece. El enviará desde los cielos, y me salvará De la infamia del que me acosa; Dios enviará su misericordia y su verdad. Mi vida está entre leones; Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; Sus dientes son lanzas y saetas, Y su lengua espada aguda. Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra sea tu gloria. Red han armado a mis pasos; Se ha abatido mi alma; Hoyo han cavado delante de mí; En medio de él han caído ellos mismos”.
Llegados aquí, nos quedan por leer los últimos cinco versículos este salmo cincuenta y siete, que meditaremos hoy, y que dicen así:
“Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; Cantaré, y trovaré salmos. Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa; Me levantaré de mañana. Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; Cantaré de ti entre las naciones. Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, Y hasta las nubes tu verdad. Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra sea tu gloria”.
Estos versículos son de plena alabanza, que sale desde el mismo corazón del salmista, pues comienza diciendo:
“Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto“. Sigue alabando y dice que será cantando con estas palabras: “Cantaré, y trovaré salmos”.
A continuación, como si hubiese estado dormido, se exhorta a despertar por completo para emprender de nuevo la alabanza Dios en el nuevo día diciendo:
“Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa Me levantaré de mañana”.
Como siempre ha ocurrido con el pueblo de Dios, su alabanza es también testimonio al mundo de la salvación de Dios, por eso dice a continuación:
“Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; Cantaré de ti entre las naciones”.
Y antes de repetir una frase de alabanza, que ya hemos encontrado en el versículo cinco, resume magistralmente en que consiste la salvación que Dios da, pues se refiere a dos aspectos básicos de la misma, primero que es un regalo inmerecido dado por amor, y, segundo, que es de toda confianza, absolutamente fiable, pues dice:
“Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, Y hasta las nubes tu verdad”.
Termina el salmo repitiendo la misma alabanza universal del versículo cinco.
“Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra sea tu gloria”.