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Salmo 58 – Reflexiona (311)

Bienvenidos a Miradas. Continuamos progresando por el libro de los salmos e iniciamos hoy el comentario del salmo cincuenta y ocho.
Este salmo es uno de los que escribió David y su tema es el definitivo castigo de las injusticias humanas.
Normalmente nos debatimos entre quejarnos porque Dios permite tantas injusticias en este mundo y parece no hacer nada, o, el otro extremo, de opinar que los castigos de Dios son excesivos.
Todo esto sucede porque no tenemos clara la comprensión de lo que Dios ha dado a conocer de si mismo y de su carácter en su Palabra santa, la Biblia. Ignoramos tanto el amor de Dios como su justicia.
En este salmo las descripciones son muy intensas, tanto de la maldad como del castigo.
Vamos a leer cada día el salmo entero y comentar una pequeña parte.
El salmo cincuenta y ocho dice así: “Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades; Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra. Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron. Veneno tienen como veneno de serpiente; Son como el áspid sordo que cierra su oído, Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea. Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas; Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos. Sean disipados como aguas que corren; Cuando disparen sus saetas, sean hechas pedazos. Pasen ellos como el caracol que se deslíe; Como el que nace muerto, no vean el sol. Antes que vuestras ollas sientan la llama de los espinos, Así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad. Se alegrará el justo cuando viere la venganza; Sus pies lavará en la sangre del impío. Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra”.
Ahora que hemos leído el salmo cincuenta y ocho completo, vamos a recordar y comentar el versículo uno del mismo.
El versículo uno es una invitación muy seria a la reflexión, pues dice: “Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres?”. Vamos a examinarlo con calma para quedarnos con su contenido.
Estas primeras frases del salmo son una invitación a reconocer las propias injusticias antes de pasar directamente a acusarles con gran dureza. Vamos a verlo.
Comienza dirigiéndose a los malvados con apariencia de buenos y que son muchos, pues se dirige a ellos diciendo: “Oh congregación”.
Y, seguidamente les emplaza a mirarse a si mismos, porque siempre es muy fácil acusar a otros de fallos, pero mucho más difícil examinar con sinceridad los propios, por eso les dice:
“¿pronunciáis en verdad justicia?”. Y repite la pregunta con mayor énfasis en el tema al referirse a los juicios de valor, las sentencias, las opiniones que hacen daño de forma injusta, vamos los coloca ante sus propias conciencias, pues les dice:
“¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres?”.
Cuando pensamos en otros, todo esto nos parece bien, pero, ¿qué nos diría a nosotros? Por si acaso, examinémonos con seriedad delante de Dios.