En la cocina de prog 54 La canica

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Salmo 58 – Dura realidad (312)

Bienvenidos a Miradas. Estamos repasando el salmo cincuenta y ocho, uno de los que escribió David, y que denuncia la maldad de los dirigentes del pueblo y anuncia el juicio de Dios sobre ellos.
Todo el salmo es una proclamación vibrante del castigo de Dios sobre las injusticias humanas.
Algo que todos aplaudiríamos con entusiasmo, sobre todo si no nos miramos a nosotros mismos y descubrimos que también nosotros somos injustos en nuestro ámbito de influencia.
Como este salmo no es muy extenso lo leemos completo cada día y vamos examinando reflexivamente una parte de él hasta completarlo.
Hoy tendremos delante para meditar los versículos uno y dos. Pero, primero leeremos el salmo como acabamos de prometer. El salmo cincuenta y ocho dice así:
“Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades; Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra. Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron. Veneno tienen como veneno de serpiente; Son como el áspid sordo que cierra su oído, Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea. Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas; Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos. Sean disipados como aguas que corren; Cuando disparen sus saetas, sean hechas pedazos. Pasen ellos como el caracol que se deslíe; Como el que nace muerto, no vean el sol. Antes que vuestras ollas sientan la llama de los espinos, Así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad. Se alegrará el justo cuando viere la venganza; Sus pies lavará en la sangre del impío. Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra”.
Ahora, después de leer el salmo cincuenta y ocho, vamos a meditar con calma en los versículos uno y dos del mismo que dicen así: “Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades; Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra”.
Aunque ya vimos ayer el versículo uno, vamos a examinarlo de nuevo porque nos aclara el versículo dos.
El versículo primero es una pregunta directa y muy clara que emplaza a los gobernantes ante sus propias injusticias, pues se les dice en este primer versículo: “Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres?”.
Pero, seguidamente comienza la durísima acusación con estas palabras: “Antes en el corazón maquináis iniquidades”.
Vamos, que no eran impulsos momentáneos, sino maldades planeadas de antemano. Y, como era natural, el resultado de sus planes malvados producía decisiones que pesaban duramente en sus compatriotas oprimidos, así lo describe la siguiente frase de este salmo cincuenta y ocho con estas palabras:
“Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra”.
Este salmo es parte de la Palabra de Dios, y, por lo tanto, una muestra de que al ojo de Dios no se le esconde ninguna injusticia. Que nadie piense pasar desapercibido.