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El libro de la vida: Daniel | Antiguo Testamento

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En el 605 a.C. Nabucodonosor, rey de Babilonia había conquistado a Judá y deportado a muchos de sus habitantes a Babilonia – incluido a Daniel. Daniel sirvió en la corte real de Nabucodonosor y varios gobernantes que siguieron a Nabucodonosor. El Libro de Daniel registra las acciones, profecías, y visiones del profeta Daniel.

El Libro de Daniel puede ser dividido en tres secciones. El capítulo 1 describe la conquista de Jerusalén por los babilonios. Junto con muchos otros, Daniel y sus tres amigos fueron deportados a Babilonia y por su valentía y obvias bendiciones de Dios sobre ellos, fueron “promovidos” al servicio del rey (Daniel 1:17-20)

Salmo 59 – Clamor del perseguido (316)

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Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y ya hemos alcanzado el salmo cincuenta y nueve que iremos meditando durante unos días.

Fue escrito por David quien pide ser defendido de los enemigos que le atacan injustamente y se burlan de Dios.

Por eso el salmista pide que sea Dios el que intervenga y que les castigue de tal forma que sea un testimonio para los demás, que promueva el reconocimiento de Dios.

Termina David el salmo con un canto a la misericordia de Dios sobre él.

Cada día iremos leyendo unos pocos versículos para después meditarlos y comentarlos frase por frase. Hemos titulado los versículos que leeremos hoy “El clamor de un perseguido”.

Los versículos uno al cuatro, del salmo cincuenta y nueve, dicen así: “Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío; Ponme a salvo de los que se levantan contra mí. Líbrame de los que cometen iniquidad, Y sálvame de hombres sanguinarios. Porque he aquí están acechando mi vida; Se han juntado contra mí poderosos. No por falta mía, ni pecado mío, oh Jehová; Sin delito mío corren y se aperciben. Despierta para venir a mi encuentro, y mira”.

Vamos a meditar estos versículos frase por frase. La primera podía perfectamente ser el título del salmo, porque expresa lo esencial del mismo, diciendo: “Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío”.

Lo esencial de esta petición, es que David encomienda a Dios su liberación. Pero el salmo sigue adelante con la petición, que, a la vez, describe a los enemigos, pues dice en la siguiente frase:

“Ponme a salvo de los que se levantan contra mí”.

Esto nos descubre que se trataba de súbditos de David que se habían rebelado contra él y querían matarlo; tal vez se trate de la rebelión de su hijo Absalón.

En la siguiente frase añade un dato más, de gran importancia en el salmo, pues, a la vez que insiste en su petición, acusa a sus enemigos de maldad contra Dios con estas palabras:

“Líbrame de los que cometen iniquidad”. En la siguiente petición añade otro dato de sus enemigos pues les señala como criminales que no dudan en matar, ya que dice: “Y sálvame de hombres sanguinarios”.

Esta característica es confirmada en la frase siguiente y complementada con otra característica más, la de traidores que se esconden esperando su momento, pues dice de ellos: “Porque he aquí están acechando mi vida”.

En la frase siguiente completa la descripción de sus enemigos al referirse a su rango y asociación contra él, lo cual los hacía más temibles, pues dice de ellos: “Se han juntado contra mí poderosos”.

Aunque un poco más adelante volverá a dar algún dato más de los enemigos, ahora proclama su inocencia, tanto con sus enemigos como con Dios, pues dice: “No por falta mía, ni pecado mío, oh Jehová”.

Terminan estos versículos insistiendo en su inocencia y con un acento de urgencia pues dice:

“Sin delito mío corren y se aperciben”. Y, finalmente, en la última frase que veremos hoy, David reclama la presencia de Dios para comprobar que todo lo dicho era así, con estas palabras: “Despierta para venir a mi encuentro, y mira”.

Precioso modelo de petición cuando estés injustamente maltratado.