Salmo 59 – Testimonio (318)

Bienvenidos a Miradas. Nuestro recorrido por el libro de los salmos ha superado los primeros cincuenta y ocho y ya rebasamos hoy la mitad del salmo cincuenta y nueve en el tercer día que le dedicamos.
El salmo cincuenta y nueve fue escrito por David, autor de, por lo menos, algo más de la mitad de los ciento cincuenta salmos.
En este salmo cincuenta y nueve David clama a Dios por defensa de sus enemigos, que también lo son de Dios, y ruega que esa defensa sea un castigo ejemplar, que deje muy clara la intervención de Dios para salir al paso de los que, además de amenazar a su siervo David, se burlaban de Dios.
Como en muchas otras ocasiones, David no invoca sus derechos como servidor de Dios, sino la misericordia divina obrando a su favor sin merecerla.
Nuestra Mirada de este día lleva como título: “Testimonio”. A David le importa sobre todo, más aun que su defensa, el honor de Dios, por eso, cuando pide el castigo de sus enemigos quiere que sirva de testimonio claro para el resto del pueblo.
Es un tema destacado en los versículos del salmo cincuenta y nueve que leeremos y comentaremos hoy.
Hoy leeremos y meditaremos en los versículos nueve al once de este salmo cincuenta y nueve, que dicen así:
“A causa del poder del enemigo esperaré en ti, Porque Dios es mi defensa. El Dios de mi misericordia irá delante de mí; Dios hará que vea en mis enemigos mi deseo. No los mates, para que mi pueblo no olvide; Dispérsalos con tu poder, y abátelos, Oh Jehová, escudo nuestro”.
En la primera parte de estos versículos, David describe de una forma muy hermosa su relación con Dios, veamos. La primera frase es de total confianza en el poder de Dios, a la vez que reconoce el poder de sus enemigos, pues dice:
“A causa del poder del enemigo esperaré en ti”.
Pero, seguidamente, nos regala tres frases preciosas y llenas de significado.
La primera enlaza con la anterior y señala a Dios como su defensor personal al decir: «Porque Dios es mi defensa», fijémonos que no dice Dios me defiende, sino Dios es mi defensa.
A continuación nos deja otra perla magnífica al decir:
“El Dios de mi misericordia irá delante de mí”. O sea, para él Dios no solo es el único que ejerce misericordia, sino que es su misericordia personal y le abre paso. Por eso está seguro de que Dios le dará la victoria sobre sus enemigos, y lo dice con estas palabras: “Dios hará que vea en mis enemigos mi deseo”. Y ahora, seguidamente, viene su deseo de que se manifieste el testimonio de la acción de Dios ante su pueblo en el castigo a sus enemigos.
Pues dice: “No los mates, para que mi pueblo no olvide”.
El castigo había de ser ejemplar en las vidas de sus enemigos, pero matándolos pronto se olvidaría su historia, por eso David pide: “No los mates, para que mi pueblo no olvide”.
Así que añade que es mejor que se vea el resultado de la acción de Dios en sus vidas, por eso pide:
“Dispérsalos con tu poder, y abátelos”. Quedarían así sin fuerza y sin ánimos como testimonio del castigo de Dios.
Terminan estos versículos con un nuevo título que David aplica a Dios, ya que dice: “Oh Jehová, escudo nuestro”.
Preciosa confianza e intimidad.