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Salmo 60 – Esperanza (322)

Imagen del programa Salmo 60 – Esperanza (322) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. En nuestro diario recorrido por el libro de los salmos llegamos hay a la mitad del salmo sesenta.

El salmo sesenta fue escrito por David en un momento muy complicado para él y para todo el pueblo que dirigía, pues habían sido derrotados, y, al parecer, no era a consecuencia de su conducta, lo cual da que pensar.

Por eso hemos titulado este salmo: Confianza en la derrota.

Porque la derrota no terminó con la confianza de David, sino que, aunque no lo comprende, sigue confiando.

Leeremos todo el salmo para, después, meditar en los versículos seis al ocho del mismo.

El salmo sesenta dice así: “Oh Dios, tú nos has desechado, nos quebrantaste; Te has airado; ¡vuélvete a nosotros! Hiciste temblar la tierra, la has hendido; Sana sus roturas, porque titubea. Has hecho ver a tu pueblo cosas duras; Nos hiciste beber vino de aturdimiento. Has dado a los que te temen bandera Que alcen por causa de la verdad. Selah Para que se libren tus amados, Salva con tu diestra, y óyeme. Dios ha dicho en su santuario: Yo me alegraré; Repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot. Mío es Galaad, y mío es Manasés; Y Efraín es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador. Moab, vasija para lavarme; Sobre Edom echaré mi calzado; Me regocijaré sobre Filistea. ¿Quién me llevará a la ciudad fortificada? ¿Quién me llevará hasta Edom? ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado, Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos? Danos socorro contra el enemigo, Porque vana es la ayuda de los hombres. En Dios haremos proezas, Y él hollará a nuestros enemigos”.

Ahora, después de leer todo el salmo, vamos a recordar de nuevo los versículos seis al ocho que meditaremos frase por frase.

Los versículos seis al ocho, del salmo sesenta, abren para el pueblo de Dios la esperanza en la intervención salvadora de Dios, pues dicen así:

“Dios ha dicho en su santuario: Yo me alegraré; Repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot. Mío es Galaad, y mío es Manasés; Y Efraín es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador. Moab, vasija para lavarme; Sobre Edom echaré mi calzado; Me regocijaré sobre Filistea”. Se inician estos versículos con la palabra de Dios, que habla para tranquilizar a su pueblo dándoles esperanza, al decirles:

“Dios ha dicho en su santuario”. Las primeras palabras son muy esperanzadoras porque Dios comienza diciendo: “Yo me alegraré”.

Y si se alegra es porque viene algo bueno, aunque el presente sea negro por la derrota.

Seguidamente describe todo el territorio nacional y tres enemigos tradicionales de Israel como dominio suyo, y, por lo tanto, bajo su control, aunque en ese momento pareciera lo contrario, pues dice:

“Repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot. Mío es Galaad, y mío es Manasés; Y Efraín es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador. Moab, vasija para lavarme; Sobre Edom echaré mi calzado; Me regocijaré sobre Filistea”.

El mensaje para su pueblo es muy sencillo: Confía en Dios, espera en Él, Él es el Señor y salvará a su tiempo.

El mensaje es también para nosotros: Si las cosas van mal hoy, confiemos, la victoria final está asegurada.