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Salmo 61 – Camino seguro (325)

Imagen del programa Salmo 61 – Camino seguro (325) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Hoy llegamos al final del salmo sesenta y uno, que es uno de los muchos salmos que escribió David, el salmista por excelencia.

Aunque lo recordamos de vez en cuando, es bueno repetir que el libro de los salmos es el más extenso de toda la Biblia y el más citado por el Señor Jesucristo y por el resto de los escritores del Nuevo Testamento.

Este salmo sesenta y uno trata de un deseo cumplido y en esta segunda parte del mismo, que veremos hoy, nos encontramos con el cumplimiento.

Leeremos el salmo entero para después ocuparnos de los últimos cuatro versículos del mismo.

El salmo sesenta y uno dice así: “Oye, oh Dios, mi clamor; A mi oración atiende. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo, Porque tú has sido mi refugio, Y torre fuerte delante del enemigo. Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. Porque tú, oh Dios, has oído mis votos; Me has dado la heredad de los que temen tu nombre. Días sobre días añadirás al rey; Sus años serán como generación y generación. Estará para siempre delante de Dios; Prepara misericordia y verdad para que lo conserven. Así cantaré tu nombre para siempre, Pagando mis votos cada día”.

Hemos leído el salmo sesenta y uno completo, y ahora, vamos a meditar con calma en los cuatro últimos versículos del mismo, pero los leeremos de nuevo para fijarnos más en su contenido, dicen así:

“Porque tú, oh Dios, has oído mis votos; Me has dado la heredad de los que temen tu nombre. Días sobre días añadirás al rey; Sus años serán como generación y generación. Estará para siempre delante de Dios; Prepara misericordia y verdad para que lo conserven. Así cantaré tu nombre para siempre, Pagando mis votos cada día”.

Después de leer de nuevo estos versículos finales, vamos a meditar en ellos, poco a poco.

El salmista agradece a Dios sus bendiciones permanentes, que reconoce cada día. Veamos.

Comienza diciendo: “Porque tú, oh Dios, has oído mis votos”.

O sea, me has escuchado, me has atendido favorablemente. Seguidamente, añade: “Me has dado la heredad de los que temen tu nombre”.

Esto es algo así como, “me has incorporado a tus beneficios especiales”. Recordemos que el que escribe es el rey David y ahora agradece a Dios sus promesas de vida permanente, pues dice:

“Días sobre días añadirás al rey”. Y si esto no suena suficientemente claro, añade: “Sus años serán como generación y generación”. Y aun amplía más lo que quiere decir con estas palabras:

“Estará para siempre delante de Dios”. Este “para siempre”, apunta muy lejos, a la eternidad, aunque David está pensando en su vida presente delante de Dios.

Lo confirma aludiendo a la necesaria dependencia de Dios al decir:

“Prepara misericordia y verdad para que lo conserven”. Y anticipa el reconocimiento de esas bendiciones diciendo:

“Así cantaré tu nombre para siempre”. Y termina recordando que ese “para siempre”, está formado por el día a día, pues dice: “Pagando mis votos cada día”.

Agradezcamos cada día los beneficios permanentes que el Señor nos da.