Salmo 62 – Solo Dios es fiable (329)

Bienvenidos a Miradas. Casi sin darnos cuenta, hemos llegado hasta el salmo sesenta y dos, que ya estamos casi terminando, pues solamente estaremos un día más con él.
Este salmo, escrito por David, proclama su total seguridad en Dios y exhorta al pueblo a confiar igualmente.
Leeremos el salmo completo para después comentar en detalle los versículos ocho al diez.
El salmo sesenta y dos dice así: “En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi salvación. El solamente es mi roca y mi salvación; Es mi refugio, no resbalaré mucho. ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre, Tratando todos vosotros de aplastarle Como pared desplomada y como cerca derribada? Solamente consultan para arrojarle de su grandeza. Aman la mentira; Con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón. Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; Pesándolos a todos igualmente en la balanza, Serán menos que nada. No confiéis en la violencia, Ni en la rapiña; no os envanezcáis; Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas. Una vez habló Dios; Dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder, Y tuya, oh Señor, es la misericordia; Porque tú pagas a cada uno conforme a su obra”.
Después de leer el salmo sesenta y dos, nos detendremos en los versículos ocho al diez, en los cuales David exhorta al pueblo a confiar en Dios, como hemos leído hace un momento y que dicen así:
“Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; Pesándolos a todos igualmente en la balanza, Serán menos que nada. No confiéis en la violencia, Ni en la rapiña; no os envanezcáis; Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas”.
La primera frase exhorta a confiar en Dios siempre, pues dice:
“Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos”. La segunda anima a presentarle las necesidades con franqueza diciendo: “Derramad delante de él vuestro corazón”.
O sea, acudid a Él sin reparos. Seguidamente deja clara la razón de su consejo, primero señalando a Dios como defensa, ya que dice:
“Dios es nuestro refugio”. Seguidamente afirmando que los seres humanos no son dignos de confianza en absoluto, pues añade:
“Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; Pesándolos a todos igualmente en la balanza, Serán menos que nada”.
Ya ves que no se anda por las ramas. Ahora da tres consejos breves, pero muy importantes, fijémonos bien, pues dice:
“No confiéis en la violencia, Ni en la rapiña; no os envanezcáis”. Y termina con una advertencia muy seria diciendo:
“Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas”.
Al final, en resumen, viene a decir, no confiéis nada más que solamente en Dios.