Salmo 62 – Poderoso y compasivo (330)

Bienvenidos a Miradas. Hoy terminamos nuestro recorrido por el salmo sesenta y dos.
Este es uno más de los muchos salmos que escribió David, posiblemente en su época de rey de Israel.
No olvidemos que David fue primero pastor de ovejas, después soldado de gran éxito, después perseguido por envidia por el rey Saúl y por fin rey de Israel durante cuarenta años, hasta su muerte.
En este salmo proclama con gran fuerza su total confianza en Dios y exhorta al pueblo a hacer lo mismo tras denunciar a sus enemigos.
Leeremos el salmo entero para detener después nuestra Mirada en los dos últimos versículos del mismo.
El salmo sesenta y dos dice así: “En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi salvación. El solamente es mi roca y mi salvación; Es mi refugio, no resbalaré mucho. ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre, Tratando todos vosotros de aplastarle Como pared desplomada y como cerca derribada? Solamente consultan para arrojarle de su grandeza. Aman la mentira; Con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón. Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; Pesándolos a todos igualmente en la balanza, Serán menos que nada. No confiéis en la violencia, Ni en la rapiña; no os envanezcáis; Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas. Una vez habló Dios; Dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder, Y tuya, oh Señor, es la misericordia; Porque tú pagas a cada uno conforme a su obra”.
Ya hemos leído completo el salmo sesenta y dos, pero vamos a leer de nuevo los versículos once y doce, con los que termina, para meditar en ellos frase por frase.
Dicen así: “Una vez habló Dios; Dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder, Y tuya, oh Señor, es la misericordia; Porque tú pagas a cada uno conforme a su obra”.
Este último párrafo del salmo es muy denso, muy lleno de enseñanza, así que, vamos despacio. Comienza recordando que Dios ha hablado, ha comunicado su voluntad en palabras, pues dice: “Una vez habló Dios”. No hay disculpa, Dios ha hablado con claridad.
Lo sensato es escuchar y obedecer. Seguidamente dice una gran verdad que conviene meditar, que el poder el verdadero poder, es únicamente de Dios, pues dice:
“Dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder”. ¡es tan fácil pensar que tenemos poder! Pero, seguidamente, el salmista nos lleva a considerar otra característica de Dios muy importante: la misericordia, pues dice:
“Y tuya, oh Señor, es la misericordia”. Dios no solo tiene todo el poder, sino, también la misericordia, el compadecerse de quien no lo merece. Sorprendentemente, el salmo termina con la siguiente frase:
“Porque tú pagas a cada uno conforme a su obra”, seguramente quiere decir que Dios es misericordioso con quien se acoge a su misericordia. No hay otra opción.