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Salmo 63 – Deseo volver a verle (331)

Imagen del programa Salmo 63 – Deseo volver a verle (331) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y ya comenzamos hoy con el salmo sesenta y tres.

Este salmo es uno más de los muchos que escribió David, y es uno de los más apreciados que ha dado lugar a muchas canciones cristianas.

No olvidemos que los salmos eran, básicamente, canciones. En este salmo David expresa de forma muy emotiva su deseo de comunión con Dios.

Como el salmo es poco extenso lo leeremos completo para después comentar los dos primeros versículos.

El salmo sesenta y tres dice así: “Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, Y con labios de júbilo te alabará mi boca, Cuando me acuerde de ti en mi lecho, Cuando medite en ti en las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido. Pero los que para destrucción buscaron mi alma Caerán en los sitios bajos de la tierra. Los destruirán a filo de espada; Serán porción de los chacales. Pero el rey se alegrará en Dios; Será alabado cualquiera que jura por él; Porque la boca de los que hablan mentira será cerrada”.

Ahora que hemos leído el salmo vamos a comentar el comienzo del mismo.

Los dos primeros versículos del salmo sesenta y tres dicen así: “Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario”.

En la primera frase, el salmista dice: “Dios, Dios mío eres tú”.

Con este trato íntimo, personal y directo con Dios, se inicia el salmo.

Seguidamente, el salmista David revela su deseo de comunión con Dios, en las horas tranquilas del amanecer, pues dice:

“De madrugada te buscaré”. Y, por si aun no estaba suficientemente claro, hace mucho más explícito su deseo de intimidad con Dios, diciendo:

“Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela”. Afirmando así la intensidad de su deseo de comunión con Dios, que es el tema principal del salmo. A continuación expone una de las razones: su entorno espiritual era como un desierto sin vida, lo cual intensificaba aun más su deseo de Dios, pues dice:

“En tierra seca y árida donde no hay aguas”. No es extraño que el salmista sintiese la necesidad de reforzar su espíritu en una estrecha comunión personal con Dios y percibiendo una vez más la grandeza de Dios, pues añade:

“Para ver tu poder y tu gloria”. Sin duda alguna, en las horas bajas, es la mejor medicina.

Por último, en estos dos primeros versículos, el salmista recuerda momentos preciosos de comunión en el templo en los cuales se había gozado percibiendo la presencia gloriosa de Dios, pues dice: “Así como te he mirado en el santuario”.

Hay riquezas insondables en la comunión personal con Dios. Compruébalo.