Salmo 64 – El mal no triunfará (339)

Bienvenidos a Miradas. Nuestro diario paseo por el libro de los salmos, nos ha traído hasta el salmo sesenta y cuatro, que ya estamos a punto de terminar.
Este salmo es uno de los muchos que escribió David, el rey salmista, y en el da su testimonio de como Dios guarda al creyente.
Comienza el salmo con una queja, pidiendo ayuda de enemigos, cuyas malas artes describe, para afirmar después, que Dios los castigará, dejando así muy claro ante todos su poder y justicia.
Como el salmo no es extenso, lo leeremos entero antes de comentar los versículos siete y ocho del mismo que tratan del castigo de los malos.
El salmo sesenta y cuatro dice así: “Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; Guarda mi vida del temor del enemigo. Escóndeme del consejo secreto de los malignos, De la conspiración de los que hacen iniquidad, Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga, Para asaetear a escondidas al íntegro; De repente lo asaetean, y no temen. Obstinados en su inicuo designio, Tratan de esconder los lazos, Y dicen: ¿Quién los ha de ver? Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo. Mas Dios los herirá con saeta; De repente serán sus plagas. Sus propias lenguas los harán caer; Se espantarán todos los que los vean. Entonces temerán todos los hombres, Y anunciarán la obra de Dios, Y entenderán sus hechos. Se alegrará el justo en Jehová, y confiará en él; Y se gloriarán todos los rectos de corazón”.
Ahora que hemos leído este salmo, en el cual queda claro que Dios protege a los que confían en Él, vamos a leer de nuevo los versículos que serán examinados hoy por nuestra Mirada y que describen, de forma breve pero contundente, la respuesta de Dios.
Los versículos siete y ocho del salmo sesenta cuatro dicen así:
“Mas Dios los herirá con saeta; De repente serán sus plagas. Sus propias lenguas los harán caer; Se espantarán todos los que los vean”. Vamos a meditarlos frase por frase.
Estos versículos inician, la breve pero clara, descripción de la intervención de Dios a favor del salmista que se acogió a su cuidado y es atendido de forma completa.
La primera frase ya nos introduce en el ataque sancionador de Dios en defensa del salmista, pues dice: “Mas Dios los herirá con saeta”.
El salmista solamente ha pedido ayuda, pero no interviene, solamente presencia la acción de Dios en su defensa. La siguiente frase, aunque queda muy explicada con la siguiente, tiene un importante mensaje en si misma, pues dice:
“De repente serán sus plagas”. Es decir, los ataques de los enemigos se volverán contra ellos mismos, serán derrotados por sus propias estrategias.
Lo aclara completamente la frase siguiente al decir: “Sus propias lenguas los harán caer”.
Y es que las mentiras suelen funcionar así, saliendo el tiro por la culata.
Este fracaso de las intrigas contra el salmista será notorio y servirá de advertencia para otros al saberlo, lo dice el salmista con estas palabras: “Se espantarán todos los que los vean”.
El mensaje es: confiemos en Dios de todo corazón. Él se encargará de los resultados.