Radio Solidaria
EN DIRECTO

El libro de la vida: Joel | Antiguo Testamento

Imagen del programa El libro de la vida: Joel | Antiguo Testamento en Radio Solidaria

Judá, la escena para el libro, es devastada por una gran horda de langostas. Esta invasión de langostas destruye todo – los campos de grano, los viñedos, los jardines, y los árboles. Joel describe simbólicamente a las langostas como la marcha de un ejército humano, y ve todo esto como el juicio divino viniendo contra la nación por sus pecados.

El libro se destaca por dos grandes eventos. Uno, es la invasión de langostas, y el otro, el derramamiento del Espíritu. El cumplimiento inicial de esto es citado por Pedro en Hechos 2, habiendo tenido lugar en Pentecostés.

Una terrible plaga de langostas es seguida por una severa hambruna a través de la tierra. Joel usa estos acontecimientos como catalizador para enviar palabras de advertencia a Judá. A menos que la gente se arrepienta rápida y completamente, los ejércitos enemigos devorarán la tierra como lo hicieron los elementos naturales. Joel exhorta a todo el pueblo y a los sacerdotes de la tierra a ayunar y humillarse mientras buscan el perdón de Dios.

Si ellos respondieren, habrá renovadas bendiciones materiales y espirituales para la nación. Pero el Día del Señor se acerca. En este tiempo, las temidas langostas, parecerán como mosquitos en comparación, mientras todas las naciones reciben Su juicio.

El tema principal del libro de Joel, es el Día del Señor, el Día de la ira y del juicio de Dios. Este es el Día en el cual Dios revela Sus atributos de ira, poder, y santidad, y es un día terrible para Sus enemigos.

Salmo 65 – Poderoso (343)

Imagen del programa Salmo 65 – Poderoso (343) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Salmo tras salmo, ya estamos por la mitad del salmo sesenta y cinco, escrito por David y que canta las bondades de Dios sobre la humanidad.

Como cada día, meditaremos en un trozo del salmo, después de leerlo entero. Vamos pues a leerlo.

El salmo sesenta y cinco dice así: “Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, Y a ti se pagarán los votos. Tú oyes la oración; A ti vendrá toda carne. Las iniquidades prevalecen contra mí; Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, Para que habite en tus atrios; Seremos saciados del bien de tu casa, De tu santo templo. Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación, Esperanza de todos los términos de la tierra, Y de los más remotos confines del mar. Tú, el que afirma los montes con su poder, Ceñido de valentía; El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, Y el alboroto de las naciones. Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde. Visitas la tierra, y la riegas; En gran manera la enriqueces; Con el río de Dios, lleno de aguas, Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, Haces descender sus canales; La ablandas con lluvias, Bendices sus renuevos. Tú coronas el año con tus bienes, Y tus nubes destilan grosura. Destilan sobre los pastizales del desierto, Y los collados se ciñen de alegría. Se visten de manadas los llanos, Y los valles se cubren de grano; Dan voces de júbilo, y aun cantan”.

Sin perder de vista el conjunto del salmo, cantando las bondades de Dios sobre la humanidad, vamos a leer de nuevo los tres versículos que meditaremos hoy para fijarnos más en su contenido.

Los versículos seis al ocho del salmo sesenta y cinco dicen así:

“Tú, el que afirma los montes con su poder, Ceñido de valentía; El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, Y el alboroto de las naciones. Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde”.

Estos versículos alaban el poder de Dios percibido en su creación, que es siempre la primera evidencia de Dios. Porque el planeta no ha surgido por azar, sino por el poder del Dios eterno.

La primera frase dice: “Tú, el que afirma los montes con su poder, Ceñido de valentía”. En la siguiente frase pasa de los montes a la inmensidad del mar y asocia las tempestades del mar con las multitudes en rebeldía, pues dice:

“El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, Y el alboroto de las naciones”. Seguidamente menciona la impresión que produce cada día el sol iluminando el planeta, trayendo la alegría después de la noche, pues dice: “Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde”.

Después de meditar estos versículos, aprovechando el tema que tratan, volvamos nuestra Mirada a la creación, y alabemos a Dios por las maravillas que ha hecho y que son testimonio continuo de su poder y sabiduría.