El libro de la vida: Amós | Antiguo Testamento

Amós es un pastor y recolector de fruta de la aldea judía de Tecoa cuando Dios lo llama, aunque carece de educación o de un trasfondo sacerdotal.
La misión de Amós estaba dirigida a su vecino del norte, Israel. Sus mensajes de impedir la condenación y cautividad para la nación por sus pecados, fueron impopulares y desatendidos en gran manera, porque desde los días de Salomón no había habido tiempos tan prósperos para Israel. El ministerio de Amós tiene lugar durante el reinado de Jeroboam II sobre Israel, y Uzías reinaba sobre Judá.
Amós puede ver bajo la externa prosperidad y el poder de Israel; internamente la nación está corrompida hasta la médula. Los pecados por los que Amós reprende al pueblo son extensos: abandono de la Palabra de Dios, idolatría, adoración pagana, avaricia, liderazgo corrupto, y opresión del pobre.
Amós comienza a pronunciar un juicio sobre todas las naciones que los rodean, luego sobre su propia nación de Judá, y finalmente el juicio más severo es dado a Israel. Sus visiones de Dios revelan el mismo mensaje enfático: el juicio está cerca.
El libro termina con la promesa de Dios a Amós de la futura restauración del remanente.
Salmo 66 – Evidencias de poder (347)

Bienvenidos a Miradas. Ya estamos caminando por el salmo sesenta y seis, cuyo autor es desconocido aunque tiene que ver con la música ya que es un canto de adoración muy completo y está dedicado al músico principal.
Como el salmo no es breve, leeremos solamente los versículos que serán objeto de nuestra Mirada de hoy.
Este salmo reúne el reconocimiento de lo que Dios es y hace, especialmente a favor de su pueblo. Hoy nos detendremos en los versículos cinco al siete que proclaman las evidencias del poder de Dios, tanto a favor de su pueblo como sobre toda la humanidad. Los versículos cinco al siete del salmo sesenta y seis, dicen así:
“Venid, y ved las obras de Dios, Temible en hechos sobre los hijos de los hombres. Volvió el mar en seco; Por el río pasaron a pie; Allí en él nos alegramos. El señorea con su poder para siempre; Sus ojos atalayan sobre las naciones; Los rebeldes no serán enaltecidos”.
Vamos a examinarlos con calma, poco a poco, para reflexionar en su rico contenido, o, si lo prefieres, para meditar con calma, aunque solo tenemos cinco minutos.
La primera frase es una invitación a meditar en Dios por medio de la admiración de sus hechos, pues dice: “Venid, y ved las obras de Dios”.
¿Te has parado alguna vez ante una puesta de sol pensando que se trata de una obra de Dios? ¿Y ante un hermoso paisaje de montaña? Esta frase nos invita a hacerlo así.
Seguidamente, dedica un par de frases, a recordar como el poder de Dios fue muy evidente, en la liberación de su pueblo de Egipto y su entrada en la tierra prometida.
La primera de estas frases dice: “Temible en hechos sobre los hijos de los hombres”.
La fama de las maravillas de Dios iba delante de Israel cuando iniciaron la conquista de Canaán. Dos hechos muy espectaculares pasaron de boca en boca llenando de asombro a los que los escuchaban, el paso milagroso del Mar Rojo y el paso milagroso del Jordán, el salmo los recuerda con estas palabras: “Volvió el mar en seco; Por el río pasaron a pie”.
Pero, seguidamente, la Mirada del salmista se amplía y vuelve el salmo a recordarnos la grandeza eterna de Dios, algo que siempre viene bien recordar, lo dice con estas palabras:
“El señorea con su poder para siempre”.
Y es que, a veces, nos parece que Dios está como ausente y estas palabras renuevan nuestra confianza. Aun dicen estos versículos dos cosas más que son muy importantes.
En estos tiempos de vigilancia global, en los cuales, nos parece que solo falta que se adivinen nuestros pensamientos, el salmo nos recuerda, que de forma permanente, Dios está velando, mirando atentamente, a todos y cada uno, a cada suceso y lugar, pues dice: “Sus ojos atalayan sobre las naciones”.
Vamos, que nada le pasa desapercibido, en ningún momento.
Aun nos dejan estos versículos otra afirmación muy importante que nos tranquiliza, sobre todo cuando miramos a nuestro alrededor como prospera la maldad, pues dice:
“Los rebeldes no serán enaltecidos”. Es decir, los que se oponen a Dios, no se saldrán con la suya. Renovemos nuestra confianza en el Dios eterno y glorioso, viendo sus obras y recordando su salvación.