Salmo 67 – Bendición testimonio (351)

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y hemos llegado al salmo sesenta y siete, uno de los más breves, pero grande en contenido, por eso lo hemos distribuido en tres programas.
Hoy meditaremos en los versículos uno y dos, aunque leeremos todo el salmo, como nos gustaría hacer siempre, pero que no es posible por la brevedad del programa.
En el caso de este salmo, con sus breves siete versículos, lo leeremos cada día antes de poner nuestra Mirada sobre los versículos que correspondan cada uno de los tres días que le dedicaremos.
El salmo sesenta y siete dice así: “Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Para que sea conocido en la tierra tu camino, En todas las naciones tu salvación. Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. Alégrense y gócense las naciones, Porque juzgarás los pueblos con equidad, Y pastorearás las naciones en la tierra Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. La tierra dará su fruto; Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. Bendíganos Dios, Y témanlo todos los términos de la tierra”.
Seguramente te habrás dado cuenta de la riqueza de este breve salmo, pues, intentaremos irla descubriendo, un poco cada día, para recordarla mejor.
Comenzaremos por los dos primeros versículos que leemos de nuevo para fijar en ellos nuestra Mirada de hoy.
Los versículos uno y dos del salmo sesenta y siete dicen así:
“Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Para que sea conocido en la tierra tu camino, En todas las naciones tu salvación”. Meditemos con calma en cada frase de estos versículos iniciales del salmo. Se nota claramente que se trata de una plegaria comunitaria, tal vez era un himno para ser cantado en el culto. Comienza el salmista diciendo: “Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga”.
Es decir, realmente, no merecemos nada de Dios, pero, acudimos a Él en busca de misericordia y deseamos que esa misericordia se manifieste en bendición. Sin duda alguna, suscribimos ese deseo y esa petición. Seguidamente, concreta el deseo, que también es petición, diciendo:
“Haga resplandecer su rostro sobre nosotros”, lo cual quiere decir que su presencia y bendiciones sean claramente manifiestas entre nosotros. Vamos, que se note que Dios está de nuestra parte y nos ayuda.
Y, a continuación, viene el propósito que el salmista propone para la manifestación misericordiosa de Dios a favor de su pueblo, se trata de que el testimonio de Dios sea conocido en el mundo por medio de su presencia favoreciendo a su pueblo, lo dice en dos frases muy esclarecedoras, pues en la primera se refiere a darse a conocer, ya que dice:
“Para que sea conocido en la tierra tu camino”, y en la segunda amplía el deseo con un deseo evangelístico muy claro, pues dice: “En todas las naciones tu salvación”.
Imitemos al salmista pidiendo que la presencia de Dios en nuestra vida sirva para que otros le conozcan y busquen en Él la salvación.