Salmo 67 – Alegría confiada (352)

Bienvenidos a Miradas. Estamos recorriendo el salmo sesenta y siete, al cual dedicamos hoy una segunda Mirada, que se dedicará a los versículos tres y cuatro del mismo.
Este salmo es un canto de alabanza que repite un llamamiento a la alabanza universal mirando al cumplimiento pleno de las bendiciones de Dios sobre su pueblo en el futuro.
Es, por lo tanto, un salmo de esperanza. Como el salmo tiene poca extensión, cada día lo leemos completo y comentamos con detalle algunos versículos del mismo.
Por lo tanto, vamos a leer el salmo para después detener nuestra Mirada en la parte del mismo que corresponde a hoy.
El salmo sesenta y siete dice así: “Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Para que sea conocido en la tierra tu camino, En todas las naciones tu salvación. Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. Alégrense y gócense las naciones, Porque juzgarás los pueblos con equidad, Y pastorearás las naciones en la tierra. Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. La tierra dará su fruto; Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. Bendíganos Dios, Y témanlo todos los términos de la tierra”.
Ahora, tras leer el salmo entero, vamos a leer de nuevo los versículos que serán objeto de nuestra Mirada de hoy.
En ellos se promueve la alabanza, pero presentando el argumente desde el final hacia el comienzo. Vamos a verlo. Los versículos tres y cuatro del salmo sesenta y siete dicen así:
“Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. Alégrense y gócense las naciones, Porque juzgarás los pueblos con equidad, Y pastorearás las naciones en la tierra”.
Las dos primeras frases exhortan a la alabanza universal de las distintas culturas y razas a Dios, pues dicen:
“Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben”.
La frase siguiente añade una puntualización muy interesante puesto que señala el tipo de alabanza, ya que menciona una actitud de gran contento, indicando así que no es una alabanza fría sino satisfecha y plenamente asumida, es decir, espontánea, pues dice: “Alégrense y gócense las naciones”.
Pero, como es natural, este gozo tiene un motivo, que, en este caso, son dos. Y es que cuando uno se alegra es por algo, no tiene sentido alegrarse porque sí. Pues, como acabamos de decir, el salmo señale dos motivos para la alegría y ambos son muy importantes.
El primer motivo para alabar a Dios alegremente es que, por fin, implantará la verdadera justicia universal, la que da a cada cual lo que le corresponde, sin hacer acepción de personas, pues dice:
“Porque juzgarás los pueblos con equidad”. Y aun añade un segundo motivo, que redondea las razones para alabar alegremente, ese segundo motivo es el cuidado amoroso de Dios sobre la humanidad entera, pues dice:
“Y pastorearás las naciones en la tierra”. Estos dos motivos para la alabanza gozosa aun no se han cumplido plenamente, pero se cumplirán, y están mucho más cerca de cumplirse que cuando el salmista escribió este salmo.
Alabemos a Dios por ello.
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