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Salmo 67 – Bendición universal (353)

Imagen del programa Salmo 67 – Bendición universal (353) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por el libro de los salmos y ya hemos llegado al salmo sesenta y siete, tanto que, nuestra Mirada de hoy es ya el tercer y último programa que dedicamos a ese salmo que parece haber sido compuesto especialmente para cantar en el santuario en alguna ocasión especial.

Ya sabes que los salmos son algo así como el himnario del pueblo de Dios en la antigüedad, ya sea en forma de oración o de alabanza, a veces también de queja, pero siempre con grandes enseñanzas acerca de la relación con Dios.

Como el salmo es breve lo leeremos entero para después dedicar nuestra Mirada a meditar en los tres últimos versículos del mismo.

Este salmo es un canto de esperanza viendo anticipadamente las bendiciones futuras de Dios. El salmo sesenta y siete dice así:

“Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Para que sea conocido en la tierra tu camino, En todas las naciones tu salvación. Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. Alégrense y gócense las naciones, Porque juzgarás los pueblos con equidad, Y pastorearás las naciones en la tierra. Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. La tierra dará su fruto; Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. Bendíganos Dios, Y témanlo todos los términos de la tierra”.

Ahora, con la lectura del salmo en nuestra mente vamos a leer de nuevo los tres últimos versículos para meditarlos con calma.

Los versículos cinco al siete del salmo sesenta y siete dicen así:

“Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben. La tierra dará su fruto; Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. Bendíganos Dios, Y témanlo todos los términos de la tierra”.

Las dos primeras frases repiten exactamente las que ya han aparecido en el versículo tres, pero, el hecho de repetirse en un salmo tan breve indica que tienen mucha importancia.

Es una invitación a la alabanza universal por las bendiciones de Dios en el futuro, pues dice: “Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben”.

Y, seguidamente menciona un motivo que en pueblos agrícolas es vital, pues anuncia:

“La tierra dará su fruto”. Sin embargo, ahora el salmista vuelve a mirar al pueblo de Dios, como testimonio de la protección divina, como al comienzo del salmo, y lo hace con énfasis en su relación con Dios diciendo:

“Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro”. Aquí no hay un quizás, ni un tal vez, ni un esperamos que, sino seguridad, porque Dios, es su Dios, y, evidentemente, es de fiar.

Y en estos versículos finales, así como el comienzo del salmo, manifiestan el deseo de que la bendición de Dios sobre su pueblo haga que sea reverenciado por los demás pueblos, pues termina el salmo diciendo: “Bendíganos Dios, Y témanlo todos los términos de la tierra”. Quedémonos con este ruego final, tan inspirador.

El salmista no pide para sí solamente, sino para que las señales de Dios, en medio de su pueblo, despierten en los demás pueblos una adoración sincera al Dios verdadero.

Testifiquemos para que Dios sea conocido.