Salmo 68 – Salva siempre (358)

Bienvenidos a Miradas. El libro de los salmos es nuestra tarea, es como si estuviésemos haciendo una excursión contemplando paisajes del alma en su relación con Dios y con las circunstancias.
Hemos comenzado por el salmo primero, y, versículo a versículo, hemos llegado al salmo sesenta y ocho.
Bueno, en realidad, no es que cada día comentamos un versículo solamente, a veces son dos o tres, o, como en el caso de hoy, seis versículos, depende del tema y de la extensión del salmo.
Este salmo fue escrito por David y trata de la excelsa y eterna soberanía de Dios, sobre su pueblo y sobre toda la humanidad.
Vamos, pues, a leer los versículos que corresponden al día de hoy.
Los versículos dieciocho al veintitrés del salmo sesenta y ocho dicen así:
“Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, Tomaste dones para los hombres, Y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios. Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios El Dios de nuestra salvación. Dios, nuestro Dios ha de salvarnos, Y de Jehová el Señor es el librar de la muerte. Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, La testa cabelluda del que camina en sus pecados. El Señor dijo: De Basán te haré volver; Te haré volver de las profundidades del mar; Porque tu pie se enrojecerá de sangre de tus enemigos, Y de ella la lengua de tus perros”.
La contundente e inapelable salvación de Dios trae beneficios a su pueblo. Esto ocurría en cada batalla ganada, aunque se produjo de manera especial en la salida de Egipto, pero el pasaje tiene un cumplimiento más amplio en la obra de Cristo y se verá de forma magnífica en el futuro, pues leemos:
“Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, Tomaste dones para los hombres, Y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios”.
Seguidamente, el salmista se vuelve a Dios, en una exclamación de gratitud sincera, por las bendiciones recibidas de Él, diciendo: “Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios El Dios de nuestra salvación”.
Seguidamente mira hacia adelante, a los problemas y dificultades que pueden sobrevenir y expresa su confianza total en Dios, su salvador, es más, incluso predice su victoria sobre la muerte, pues dice: “Dios, nuestro Dios ha de salvarnos, Y de Jehová el Señor es el librar de la muerte”.
Esa confianza del salmista se extiende al justo castigo de los que perseveran en sus pecados, pues dice:
“Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, La testa cabelluda del que camina en sus pecados”. Y vuelve a recordar las firmes promesas de salvación que Dios ha hecho a su pueblo y que no conocen dificultad insalvable, pues dice:
“El Señor dijo: De Basán te haré volver; Te haré volver de las profundidades del mar”. Y terminan estos versículos con una clarísima referencia a la sangrienta victoria, en un lenguaje muy propio de la época, diciendo:
“Porque tu pie se enrojecerá de sangre de tus enemigos, Y de ella la lengua de tus perros”.
Dios es el único y perfecto Salvador, si no es tu Salvador, debes preocuparte, porque no hay otro. Búscale sin demora.