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Salmo 68 – Homenaje al Rey (359)

Imagen del programa Salmo 68 – Homenaje al Rey (359) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por los salmos y ya estamos terminando el salmo sesenta y ocho, escrito por David.

Este salmo se ocupa sobre todo de reconocer la grandeza y poder del Dios soberano y su relación con su pueblo y con el resto de la humanidad.

Como el salmo es bastante extenso, leemos cada día un trozo del mismo y lo comentamos. Hoy dedicaremos nuestra Mirada a los versículos veinticuatro al treinta que son un homenaje a Dios como Rey de reyes.

Los versículos veinticuatro al treinta del salmo sesenta y ocho dicen así:

“Vieron tus caminos, oh Dios; Los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario. Los cantores iban delante, los músicos detrás; En medio las doncellas con panderos. Bendecid a Dios en las congregaciones; Al Señor, vosotros de la estirpe de Israel. Allí estaba el joven Benjamín, señoreador de ellos, Los príncipes de Judá en su congregación, Los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí. Tu Dios ha ordenado tu fuerza; Confirma, oh Dios, lo que has hecho para nosotros. Por razón de tu templo en Jerusalén Los reyes te ofrecerán dones. Reprime la reunión de gentes armadas, La multitud de toros con los becerros de los pueblos, Hasta que todos se sometan con sus piezas de plata; Esparce a los pueblos que se complacen en la guerra”.

Estos versículos que acabamos de leer son un homenaje al Rey de reyes en su conjunto que inicia con un desfile festivo de alabanza a Dios por el cuidado que tuvo siempre de su pueblo.

Es interesante que lo recuerden en el santuario, es decir, estando en la presencia de Dios recuerdan lo que Dios es y ha hecho, pues la primera frase que hemos leído dice:

“Vieron tus caminos, oh Dios; Los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario”. Y es que el tiempo de adoración es el mejor para hacer un repaso de la relación con Dios. Pero, hemos dicho antes que se trataba de un desfile festivo, una adoración multitudinaria y gozosa, que se describe de la forma siguiente:

“Los cantores iban delante, los músicos detrás; En medio las doncellas con panderos”. Y, como es natural, viene a continuación una entusiasta exhortación al pueblo invitándole a adorar a Dios, pues dice: “Bendecid a Dios en las congregaciones; Al Señor, vosotros de la estirpe de Israel”. Seguidamente se mencionan algunas tribus diciendo:

“Allí estaba el joven Benjamín, señoreador de ellos, Los príncipes de Judá en su congregación, Los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí”. Sigue un reconocimiento de la ayuda divina, diciendo:

“Tu Dios ha ordenado tu fuerza; Confirma, oh Dios, lo que has hecho para nosotros”. Se menciona después un reconocimiento universal, diciendo: “Por razón de tu templo en Jerusalén Los reyes te ofrecerán dones”. Y terminan estos versículos con dos peticiones, en un tono similar, pidiendo paz, al decir:

“Reprime la reunión de gentes armadas, La multitud de toros con los becerros de los pueblos, Hasta que todos se sometan con sus piezas de plata”. Y concluye diciendo:

“Esparce a los pueblos que se complacen en la guerra”. Alabemos a Dios por lo que Él es y por lo que ha hecho por nosotros.