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Salmo 69 – Encrucijada (362)

Imagen del programa Salmo 69 – Encrucijada (362) en Radio Solidaria

Bienvenidos a Miradas. Estamos recorriendo el salmo sesenta y nueve, uno de los muchos que escribió David, y en el cual relata una situación muy difícil, de sufrimiento injusto, a causa del cual derrama su corazón delante de Dios, relatando su situación y pidiendo ayuda.

El salmo es extenso, y, por esa razón, cada día leeremos y comentaremos unos pocos versículos del mismo.

Hoy ponemos nuestra Mirada sobre los versículos cinco al doce, en los cuales el salmista confiesa su torpeza y su angustia al pensar que la apariencia de su situación puede dañar espiritualmente a otros que no entenderán lo que sucede.

Los versículos cinco al doce del salmo sesenta y nueve dicen así:

“Dios, tú conoces mi insensatez, Y mis pecados no te son ocultos. No sean avergonzados por causa mía los que en ti confían, oh Señor Jehová de los ejércitos; No sean confundidos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel. Porque por amor de ti he sufrido afrenta; Confusión ha cubierto mi rostro. Extraño he sido para mis hermanos, Y desconocido para los hijos de mi madre. Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí. Lloré afligiendo con ayuno mi alma, Y esto me ha sido por afrenta. Puse además cilicio por mi vestido, Y vine a serles por proverbio. Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, Y me zaherían en sus canciones los bebedores”.

Ahora, vamos a examinar cada frase de estos versículos con atención.

El salmista reconoce sus imperfecciones y sus faltas personales pues dice:

“Dios, tú conoces mi insensatez, Y mis pecados no te son ocultos”.

Por lo tanto, no acude a Dios como perfecto, sino como necesitado. Pero le preocupa que su situación pueda ser mal entendida por sus hermanos y les haga daño, pues dice: “No sean avergonzados por causa mía los que en ti confían, oh Señor Jehová de los ejércitos; No sean confundidos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel”. A David le importan más el daño en los demás que su propio sufrimiento. Pero lo que él sufre es por ser fiel a Dios, pues añade:

“Porque por amor de ti he sufrido afrenta; Confusión ha cubierto mi rostro”. Al seguir leyendo descubrimos que su sufrimiento estaba siendo muy mal interpretado, incluso por los más cercanos, pues continua diciendo:

“Extraño he sido para mis hermanos, Y desconocido para los hijos de mi madre”.

Pero él defendía con pasión la causa y el honor de Dios en medio de los que se burlaban de Dios, pues dice: “Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí”.

Es más, se burlaban de su fidelidad con extrema crueldad, pues añade:

“Lloré afligiendo con ayuno mi alma, Y esto me ha sido por afrenta. Puse además cilicio por mi vestido, Y vine a serles por proverbio”.

Llegó a ser objeto de burla pública, de los importantes e incluso entre los borrachos, pues añade: “Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, Y me zaherían en sus canciones los bebedores”.

En todos los tiempos de la historia, la fidelidad al Señor ha traído y trae problemas. Ánimo, se fiel.