Salmo 71 – Senda que lleva a la gloria (370)

Bienvenidos a Miradas. En nuestro continuado recorrido por el libro de los salmos, ya hemos llegado al final del salmo setenta y uno, que hoy despedimos.
Este salmo resume una vida de relación con Dios, contando sus experiencias durante el paso de los años, desde el nacimiento hasta la vejez.
Hay una petición hecha en una actitud de confianza, a pesar de la urgencia y necesidad, y los testimonios del salmista se combinan con expresiones de sincera alabanza.
Hoy leeremos y comentaremos los últimos cinco versículos del salmo que son un brillante canto de alabanza y esperanza.
Los versículos veinte al veinticuatro del salmo setenta y uno dicen así: “Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, Volverás a darme vida, Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Aumentarás mi grandeza, Y volverás a consolarme. Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio, Oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti en el arpa, Oh Santo de Israel. Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, Y mi alma, la cual redimiste. Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día; Por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban”.
Vamos a meditar despacio en estas declaraciones del salmista, hechas al final de su vida.
En ellas, mirando al futuro, alaba a Dios tanto por lo ya recibido, como por lo que espera. Aunque se trata de palabras escritas siglos antes de la venida de Cristo, algunas expresiones parecen tomadas de las mejores páginas de los tiempos apostólicos.
En los tiempos del salmista, la vida era igualmente dura que en el día de hoy, pero él lo cuenta en la perspectiva de Dios y nos deja dicho que la vida en este mundo tiene muchos momentos tristes y difíciles, pues dice:
“Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males”. Pero, seguidamente, proclama la esperanza de tener la vida escondida en Dios, vida que no se termina con la muerte física, sino que espera la resurrección, el salmista lo afirma diciendo:
“Volverás a darme vida, Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra”. Sigue mirando al futuro y las siguientes palabras pueden entenderse en la perspectiva terrenal o eterna, pues dice:
“Aumentarás mi grandeza, Y volverás a consolarme”. Y sigue con el tema de la alabanza futura, diciendo: “Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio”.
La fiabilidad de Dios y su excelsa santidad, son ahora el motivo, pues dice: “Oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti en el arpa, Oh Santo de Israel”. Y, seguidamente, alaba a Dios por haber sido redimido, pues dice:
“Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, Y mi alma, la cual redimiste”.
En mundo siempre lleno de injusticias, el salmista anuncia continuamente, con alegría, la perfecta justicia de Dios, pues dice: “Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día”. Y es que Dios al fin pone en su lugar a los injustos, pues termina el salmo diciendo.
“Por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban”.
Tanto si miramos hacia atrás, como si miramos hacia el futuro, podemos alabar a Dios por lo que hecho y por lo que hará.