Salmo 74 – Dios nos ha abandonado (381)

Bienvenidos a Miradas. Comenzamos hoy nuestro encuentro con el salmo setenta y cuatro, que estará con nosotros durante cinco días. Ya sabes que este programa está haciendo un recorrido por el libro de los salmos, sin dejar ninguno atrás.
Este salmo setenta y cuatro, es un salmo trágico, seguramente en un momento de derrota nacional muy grave, posiblemente tras ser destruida de Jerusalén, y el templo, por lo babilonios que se llevaron cautivos a la mayoría del pueblo.
El salmo tiene tres partes muy definidas, primero lamenta con gran detalle la destrucción y aparente abandono por parte de Dios, después recuerda el poder de Dios manifestado a favor de su pueblo en el pasado, y, por último, termina el salmo con una sentida petición de ayuda a Dios.
Dada la extensión del salmo, cada día leeremos unos cuantos versículos para después comentarlos. Vamos, pues, a leer los tres primeros versículos del salmo setenta y cuatro, que dicen así:
“¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado? Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, La que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia; Este monte de Sion, donde has habitado. Dirige tus pasos a los asolamientos eternos, A todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario”.
Ahora, como hacemos cada día, tras leer estos primeros versículos del salmo setenta y cuatro, vamos a comentarlos en detalle.
La primera frase del salmo, es una pregunta que refleja una situación tan dolorosa que el salmista parece dar por sentado que Dios ya no quiere saber nada con ellos nunca más, pues pregunta:
“¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre?”, pero, la frase siguiente es todavía más directa y chocante, ya que acusa a Dios de ser el autor del desastre.
El caso es que, en realidad, si se refiere el salmo a la destrucción de Jerusalén, los reiterados avisos de Dios no habían sido escuchados y el castigo fue inevitable.
La frase dice: “¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado?”. Después de esas dos preguntas viene una larga petición, la primera de las dos que aparecen en el salmo, y se inicia con un término que aparece tres veces en el salmo: “acuérdate”, como queriendo tocar la sensibilidad amorosa del Señor, pues dice:
“Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos”.
Sigue repitiendo una vez más la pertenencia a Dios que se menciona una y otra vez a lo largo del salmo, pues dice: “La que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia”.
Aun hace más personal la relación de Dios con su pueblo, y con Jerusalén, añadiendo:
“Este monte de Sion, donde has habitado”. Seguidamente, invita a Dios a que vea de cerca las consecuencias de la destrucción en el santuario, pues dice: “Dirige tus pasos a los asolamientos eternos”. Y completa esto añadiendo:
“A todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario”.
Aunque el terrible castigo sobre Jerusalén era a causa de su gran y reiterado pecado, y la absoluta ausencia de arrepentimiento, el dolor causado fue inmenso. Tomemos nota.
Integridad en la alabanza prog 178 Salmo 111

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