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Salmo 74 – Salva a los tuyos (385)

Imagen del programa Salmo 74 – Salva a los tuyos (385) en Radio Solidaria

Hoy terminamos nuestro recorrido por el salmo setenta y cuatro, que nos ha ocupado durante cinco días.

El salmo setenta y cuatro es una petición angustiada a Dios, a causa de que parece que se ha olvidado de su pueblo, tanto es así, que el salmo podría titularse: “Acuérdate”.

El salmista entrelaza la petición con una descripción de los motivos: La ciudad y el santuario de Dios habían sido arrasados por los enemigos, que, además, se burlaban de Él.

¿Cómo es que Dios no intervenía? ¿Se habría olvidado de su pueblo? El salmista recuerda la grandeza de Dios y sus obras en el pasado y termina en estos últimos versículos pidiendo de nuevo la pronta intervención de Dios porque eran su pueblo.

El salmo fue escrito por un miembro de la familia de Asaf, de los cantores del templo, probablemente tras la destrucción de Jerusalén por los babilonios.

Los versículos finales, del salmo setenta y cuatro, dicen así:

“No entregues a las fieras el alma de tu tórtola, Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos. Mira al pacto, Porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia. No vuelva avergonzado el abatido; El afligido y el menesteroso alabarán tu nombre. Levántate, oh Dios, aboga tu causa; Acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día. No olvides las voces de tus enemigos; El alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente”.

Ahora, tras leer estos últimos versículos del salmo setenta y cuatro, vamos a irlos comentando, poco a poco. Comienzan con gran sentimiento, en una ilustración muy gráfica, diciendo: “No entregues a las fieras el alma de tu tórtola”.

Y continua poniendo el acento en la pertenencia a Dios, pues dice:

“Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos”. Añade seguidamente algo muy importante, el compromiso de Dios con su pueblo, su promesa firme, pues dice: “Mira al pacto”. Esta petición tenía urgencia porque los enemigos llegaban con sus agresiones a los lugares más escondidos, ya que el salmista dice:

“Porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia “. Los que creían veían que todo se derrumbaba y los enemigos se burlaban de su fe, por eso, el salmista ruega que pudiesen levantar cabeza, al decir:

“No vuelva avergonzado el abatido”. Y, como contraste, dice que, si Dios interviene, los creyentes sencillos elevarán alabanzas a su nombre, pues dice:

“El afligido y el menesteroso alabarán tu nombre”. Seguidamente, vuelve a recordar en su oración el pacto de Dios con su pueblo, pues le dice: “Levántate, oh Dios, aboga tu causa”.

Y cierra el salmo con dos nuevas referencias a las continuadas burlas contra Dios de los enemigos, pues dice: “Acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día”.

Y recalca este argumento de nuevo diciendo: “No olvides las voces de tus enemigos; El alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente”.

Es importante recordar que, aunque el pueblo sufría las consecuencias de sus pecados, no tenía nadie ante quien recurrir pidiendo ayuda sino ante Dios. Como nosotros.