Salmo 75 – Poder seguro (386)

Paso a paso, seguimos avanzando por el libro de los salmos y hoy comenzamos con el salmo setenta y cinco.
Dada su poca extensión, lo leeremos completo cada uno de los tres días que le dedicaremos.
Cada día leeremos el salmo completo y comentaremos una parte del mismo. El salmo setenta y cinco dice así:
“Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, Pues cercano está tu nombre; Los hombres cuentan tus maravillas. Al tiempo que señalaré Yo juzgaré rectamente. Se arruinaban la tierra y sus moradores; Yo sostengo sus columnas. Dije a los insensatos: No os infatuéis; Y a los impíos: No os enorgullezcáis; No hagáis alarde de vuestro poder; No habléis con cerviz erguida. Porque ni de oriente ni de occidente, Ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; A éste humilla, y a aquél enaltece. Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado, Lleno de mistura; y él derrama del mismo; Hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra. Pero yo siempre anunciaré Y cantaré alabanzas al Dios de Jacob. Quebrantaré todo el poderío de los pecadores, Pero el poder del justo será exaltado”.
Ahora, tras leer el salmo setenta y cinco, vamos a leer de nuevo los versículos uno al tres que serán objeto de nuestro comentario de hoy, estos versículos dicen así:
“Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, Pues cercano está tu nombre; Los hombres cuentan tus maravillas. Al tiempo que señalaré Yo juzgaré rectamente. Se arruinaban la tierra y sus moradores; Yo sostengo sus columnas”.
Se distinguen claramente dos partes en estos versículos, en la primera habla el salmista, en la segunda, habla Dios, pero el conjunto habla con claridad del poder de Dios.
La primera frase nos recuerda la cercanía de Dios, su presencia patente a todo ser humano, lo cual es un motivo de gratitud para el salmista, pues comienza diciendo:
“Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, Pues cercano está tu nombre”.
¿Damos gracias a Dios porque su presencia se percibe claramente?
La frase siguiente es muy interesante, pues se refiere al hecho, constante en la historia, del asombro de la humanidad de todos los tiempos ante las obras de Dios, aunque, no siempre se atribuyen a Dios, sino, en la mayoría de los casos al ciego azar.
En este caso, el salmista tiene muy claro que Dios es el Autor y Señor de todo lo creado, por eso dice: “Los hombres cuentan tus maravillas”.
Ahora es Dios quien toma la palabra para advertir que su justo juicio ya tiene fecha decidida y no habrá errores judiciales, pues, en boca de Dios, añade el salmista:
“Al tiempo que señalaré Yo juzgaré rectamente”. Seguidamente, perece referirse a los desastres sociales y políticos, o, tal vez, también, a los atentados contra el medio ambiente, tan conocidos en el día de hoy, pues dice: “Se arruinaban la tierra y sus moradores”.
Pero, ante esto, Dios recuerda su señorío firme, pues dice: “Yo sostengo sus columnas”. Nos tranquiliza saber que el poder supremo está en las manos de Dios. ¿Has puesto tu vida en sus manos?