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El libro de la vida: Nahúm | Antiguo Testamento

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El autor del Libro de Nahúm se identifica a sí mismo como Nahúm (en hebreo “Consolador”) el elcosita (1:1). Hay muchas teorías sobre dónde se encontraba esa ciudad, aunque no hay una evidencia concluyente.

Una de tales teorías es que se refiere a la ciudad que más tarde fue llamada Capernaum (lo que literalmente significa “la villa de Nahúm”) en el Mar de Galilea.

Nahúm no escribió este libro como una advertencia o “llamado al arrepentimiento” para la gente de Nínive. Dios ya les había enviado al profeta Jonás 150 años antes, con Su promesa de lo que sucedería si ellos continuaban en sus malos caminos.

La gente de ese tiempo se había arrepentido, pero ahora vivían de la misma forma o aún más impía de lo que lo hicieron anteriormente. Los asirios se habían hecho terriblemente brutales en sus conquistas (colgando los cuerpos de las víctimas en astas y poniendo su piel en las paredes de sus tiendas entre otras atrocidades).

Ahora Nahúm estaba diciéndole a la gente de Judá que no desesperara porque Dios había pronunciado juicio y los asirios recibirían justo lo que merecían.

Salmo 76 – Es invencible (389)

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Nuestro continuado recorrido por el libro de los salmos nos ha traído hasta el salmo setenta y seis, de la colección de Asaf. Este salmo proclama el poder salvador de Dios.

Hoy veremos los siete primeros versículos, pero, cada día, leeremos el salmo completo.

El salmo setenta y seis dice así: “Dios es conocido en Judá; En Israel es grande su nombre. En Salem está su tabernáculo, Y su habitación en Sion. Allí quebró las saetas del arco, El escudo, la espada y las armas de guerra. Glorioso eres tú, poderoso más que los montes de caza. Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño; No hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes. A tu reprensión, oh Dios de Jacob, El carro y el caballo fueron entorpecidos. Tú, temible eres tú; ¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira? Desde los cielos hiciste oír juicio; La tierra tuvo temor y quedó suspensa Cuando te levantaste, oh Dios, para juzgar, Para salvar a todos los mansos de la tierra. Ciertamente la ira del hombre te alabará; Tú reprimirás el resto de las iras. Prometed, y pagad a Jehová vuestro Dios; Todos los que están alrededor de él, traigan ofrendas al Temible. Cortará él el espíritu de los príncipes; Temible es a los reyes de la tierra”.

Leeremos de nuevo los siete primeros versículos, que dicen así: “Dios es conocido en Judá; En Israel es grande su nombre. En Salem está su tabernáculo, Y su habitación en Sion. Allí quebró las saetas del arco, El escudo, la espada y las armas de guerra. Glorioso eres tú, poderoso más que los montes de caza. Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño; No hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes. A tu reprensión, oh Dios de Jacob, El carro y el caballo fueron entorpecidos. Tú, temible eres tú; ¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira?”.

Estos versículos proclaman el poder invencible de Dios. Comienza con el reconocimiento de la grandeza de Dios por su pueblo, diciendo: “Dios es conocido en Judá; En Israel es grande su nombre”. Seguidamente menciona el salmo el santuario donde Dios manifiesta su gloria, diciendo:

“En Salem está su tabernáculo, Y su habitación en Sion”. El poder de Dios, con armas espirituales, derrotó, una y otra vez, a los enemigos, como recuerda la frase siguiente, que dice: “Allí quebró las saetas del arco, El escudo, la espada y las armas de guerra”.

El glorioso vencedor es alabado en la frase siguiente, que dice: “Glorioso eres tú, poderoso más que los montes de caza”.

Los enemigos ni siquiera llegaron a utilizar sus armas, pues dice: “Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño; No hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes”.

La palabra de Dios fue suficiente, pues dice: “A tu reprensión, oh Dios de Jacob, El carro y el caballo fueron entorpecidos”.

La reflexión final de estos versículos, vale para todos los tiempos, pues dice:

“Tú, temible eres tú; ¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira?”. Oponerse a Dios nunca funciona, no lo intentes.