Salmo 77 – Único Salvador (394)

Nuestro paseo por el salmo setenta y siete está llegando al final, pues solamente nos queda un día más en su compañía.
Este salmo pertenece a la colección de Asaf, formada por doce salmos.
Asaf fue el nombre de un levita que dirigía la música del templo en tiempos de David pero también se mantuvo a lo largo de los siglos el nombre en la familia y el ministerio de cantores pues así se los menciona casi quinientos años después al regresar de Babilonia.
El salmo setenta y siete tiene dos partes muy definidas, en la primera, el salmista lamenta el aparente alejamiento de Dios y llega a expresar dudas acerca del cuidado que tiene de su pueblo, pero, en la segunda parte del salmo el recuerdo de la fidelidad y poder de Dios actuando en favor de su pueblo en el pasado le permiten recuperar totalmente la confianza y llenar su boca de alabanzas entusiastas.
Lo chocante, es que, en ambos casos, el salmista parte de recordar los hechos de Dios en la antigüedad. Pero, en el primer caso, los recuerda como algo irrepetible y, en el segundo, como la clara demostración del poder de Dios siempre obrando a favor de su pueblo, así que, lo que cambió fue la actitud del salmista.
Cada día leemos algunos versículos, para después comentarlos, hoy leeremos solamente los versículos trece al quince para después meditar en su contenido.
Los versículos trece al quince del salmo setenta y siete dicen así:
“Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas; Hiciste notorio en los pueblos tu poder. Con tu brazo redimiste a tu pueblo, A los hijos de Jacob y de José”.
Esta parte de la reflexión del salmista, comienza teniendo en cuenta algo, que se olvida con gran facilidad: La santidad de Dios, su absoluta separación de toda clase de imperfección.
Es frecuente que, entusiasmados con el amor de Dios, olvidemos su santidad y justicia.
El salmista la tiene muy en cuenta. Pues dice: “Oh Dios, santo es tu camino”. Es decir, nunca hay ninguna clase de fallo en la conducta de Dios.
La siguiente reflexión del salmista, tiene sentido, en un mundo, que atribuía poder a muchas deidades, falsas, pero con muchos seguidores, pues el salmista, basado en los datos históricos de su pueblo, el pueblo de Dios, dice: “¿Qué dios es grande como nuestro Dios?”.
Porque de los otros dioses se decía que podían hacer, pero nunca hacían nada, pero el Dios de Israel, hacía realmente grandes maravillas, conocidas de todos los pueblos, por eso dice: “Tú eres el Dios que hace maravillas”.
Las manifestaciones de su poder corrían de boca en boca y de pueblo en pueblo, así lo proclama el salmista, con estas palabras:
“Hiciste notorio en los pueblos tu poder”. Las maravillas obradas por Dios para sacar a su pueblo de Egipto, fueron recordadas por siglos en toda la región, por todos sus habitantes, el salmista lo recuerda diciendo:
“Con tu brazo redimiste a tu pueblo, A los hijos de Jacob y de José”.
Pues Dios no ha cambiado, solamente cambia nuestra confianza en Él. Confiemos, es el mismo.