Salmo 78 – Atiende de nuevo (396)

Hoy iniciamos el recorrido de un salmo muy notable, tanto por su extensión, pues tiene setenta y dos versículos, como por su tema que es recordar la historia pasada del pueblo de Dios, poniendo el acento en la misericordia y el poder salvador de Dios por un lado y la constante rebeldía del pueblo por el otro.
Se trata del salmo setenta y ocho. Cada día leeremos unos cuantos versículos que nos acercarán al contexto y comentaremos una parte de los mismos.
Leeremos durante cinco días los primeros once versículos del salmo e iremos comentándolos.
Los primeros once versículos del salmo setenta y ocho dicen así:
“Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo. El estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres Que la notificasen a sus hijos; Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos, Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde; Generación que no dispuso su corazón, Ni fue fiel para con Dios su espíritu. Los hijos de Efraín, arqueros armados, Volvieron las espaldas en el día de la batalla. No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley; Sino que se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado”.
Ahora que ya tenemos una idea de lo que trata el salmo, vamos a leer de nuevo los versículos uno y dos, para comentarlos en detalle. Los versículos uno y dos del salmo setenta y ocho dicen así:
“Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos”.
Estos dos versículos iniciales del salmo nos dejan bastantes cosas para reflexionar. Veamos.
Comienza el salmo pidiendo atención para escuchar la palabra de Dios, pues dice: “Escucha, pueblo mío, mi ley”.
Este llamamiento recorre los siglos y llega hasta nosotros, escuchemos. Pero, la frase siguiente intensifica el llamamiento, pues pide verdadera, y sumisa, atención a lo que Dios dice, pues añade: “Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca”.
La palabra de Dios exige, no solo oírla, sino escucharla con voluntad de someterse a ella. Los dichos sabios, algo así como nuestros refranes, era una forma típica de enseñar sabiduría en Oriente.
La palabra de Dios tiene muchas enseñanzas en forma de refranes, que tienen la ventaja de ser más fáciles de recordar. Por eso, el salmo dice a continuación:
“Abriré mi boca en proverbios”. Y, ya qua va a recordarles la historia, añade: “Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos”.
Quizá hemos olvidado la gran riqueza de las cosas dichas por Dios desde tiempos antiguos. Inclinemos el oído.