Salmo 78 – Preparar el relevo (397)

En nuestro cotidiano recorrido por el libro de los salmos henos comenzado el estudio del salmo setenta y ocho, el más extenso de la colección de Asaf, director de los cantores del templo.
Este salmo recuerda las constantes rebeldías del pueblo contra Dios a pesar de las múltiples manifestaciones de su poder y misericordia.
Debido a la extensión de este salmo, cada día leemos unos cuantos versículos del mismo, para, después, concentrarnos en una parte de los mismos.
Vamos, pues, a leer los primeros once versículos del salmo setenta y ocho, que dicen así:
“Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo. El estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres Que la notificasen a sus hijos; Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos, Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde; Generación que no dispuso su corazón, Ni fue fiel para con Dios su espíritu. Los hijos de Efraín, arqueros armados, Volvieron las espaldas en el día de la batalla. No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley; Sino que se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado”.
Ahora después de leer estos versículos iniciales, vamos a leer de nuevo los versículos a los que dedicaremos nuestra Mirada de hoy.
Los versículos tres y cuatro del salmo setenta y ocho, que plantean la importancia del relevo generacional, transmitiendo con integridad las verdades de Dios, dicen así:
“Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo”. Comienzan estos versículos diciendo algo muy importante: La palabra de Dios, escuchada y comprendida, por la generación del salmista, o por la nuestra. Pues, refiriéndose a ella, dice: “Las cuales hemos oído y entendido”.
Y, seguidamente recuerda que el origen de este conocimiento fue la tarea de transmisión de la generación anterior, pues dice: “Que nuestros padres nos las contaron”.
Y, consciente de la importancia de seguir transmitiendo fielmente, a los descendientes, el testimonio de Dios añade: “No las encubriremos a sus hijos”.
Cada generación tiene esta responsabilidad. Porque se trata de mantener vivo el recuerdo de la obra salvadora de Dios en el pasado, para no olvidarse nunca de Él, pues dice:
“Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo”.
¿Estamos transmitiendo, con palabras y actitudes, estas cosas a las nuevas generaciones? Es nuestra tarea.