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El libro de la vida: Habacuc | Antiguo Testamento

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Habacuc se preguntaba por qué Dios estaba permitiendo que Su pueblo elegido estuviera pasando por el presente sufrimiento a manos de sus enemigos.

Dios le responde y la fe de Habacuc es restaurada.

El Libro de Habacuc comienza con Habacuc clamando a Dios por una respuesta sobre el por qué se le permite sufrir en cautividad al pueblo elegido por Dios (Habacuc 1: 1-4). El Señor le da Su respuesta a Habacuc, declarando esencialmente que “aun cuando se os contare, no la creeréis.” (Habacuc 1: 5-11).

Habacuc continúa entonces diciendo, “Esta bien, Tú eres Dios, pero aún así, dime más acerca del por qué está pasando esto” (Habacuc 1: 17-2:1). Entonces Dios le responde nuevamente y le da más información, luego dice que la tierra permanezca en silencio ante Él (Habacuc 2: 2-20).

Posteriormente, Habacuc escribe una oración expresando su firme fe en Dios, aún en medio de estas pruebas (Habacuc 3: 1-19).

Salmo 78 – Rebeldía contumaz (400)

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Estamos recorriendo el salmo setenta y ocho, uno de los que escribió Asaf, director del coro del templo.

Este salmo recuerda la historia del pueblo de Dios en el pasado, y repasa los grandes actos de salvación y misericordia de Dios, así como las ingratitudes del pueblo a lo largo de los años.

Como el salmo es bastante extenso, leemos cada día algunos versículos que nos permiten situarnos en el contexto y después comentamos algunos de ellos con detalle.

Por eso, leemos hoy los once primeros versículos del salmo, y comentaremos los versículos nueve al once. Los once primeros versículos, del salmo setenta y ocho, dicen así:

“Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres Que la notificasen a sus hijos; Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos, Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde; Generación que no dispuso su corazón, Ni fue fiel para con Dios su espíritu. Los hijos de Efraín, arqueros armados, Volvieron las espaldas en el día de la batalla. No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley; Sino que se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado”.

Ahora, tras leer estos primeros versículos del salmo setenta y ocho, vamos a leer de nuevo los versículos nueve al once para después comentarlos.

Los versículos nueve al once del salmo setenta y ocho dicen así:

“Los hijos de Efraín, arqueros armados, Volvieron las espaldas en el día de la batalla. No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley; Sino que se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado”.

La mención de Efraín, es tanto a la tribu en sí, como al pueblo en su conjunto. Su actitud de traición es descrita con crudeza extrema, pues dice:

“Los hijos de Efraín, arqueros armados, Volvieron las espaldas en el día de la batalla”. Cuando más hacía falta su ayuda, abandonaron a los demás. Pero esto ilustra algo todavía más serio, la rebelión contra Dios, con quien se habían comprometido, pues añade:

“No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley”.

Es decir, sencillamente, se rebelaron contra Dios a sabiendas. Porque no quisieron tener en cuenta todo lo que Dios había hecho por ellos en el pasado.

El salmo lo dice así: “Sino que se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado”. Se trataba de sucesos grandiosos que habían vivido y que habían marcado sus vidas, pero el presente atractivo del mundo les atraía tanto como para dar la espalda a Dios.

¡No hagamos nunca lo mismo!