Salmo 78 – Pan especial (407)

En nuestro diario recorrido por el libro de los salmos, hemos llegado al salmo setenta y ocho, que, por ser el segundo salmo más extenso de la Biblia, nos ocupa bastantes días, ya que tiene setenta y dos versículos y todavía estamos hoy por el veinticinco.
Este salmo es un repaso a la historia del pueblo de Dios en el pasado.
En el se dejan muy claras dos cosas, la primera es que, a pesar de las grandes obras de salvación que Dios hizo entre ellos, su rebeldía e incredulidad brotaban una y otra vez.
La segunda es que Dios, a pesar de tantas desobediencias, aunque les castiga, tiene de ellos misericordia.
Hoy leeremos los versículos veintiuno al treinta y tres, para tener a la vista parte del contexto, y comentaremos tres de estos versículos leídos.
Los versículos veintiuno al treinta y tres, del salmo setenta y ocho, dicen así:
“Por tanto, oyó Jehová, y se indignó; Se encendió el fuego contra Jacob, Y el furor subió también contra Israel, Por cuanto no habían creído a Dios, Ni habían confiado en su salvación. Sin embargo, mandó a las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos, E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta saciarles. Movió el solano en el cielo, Y trajo con su poder el viento sur, E hizo llover sobre ellos carne como polvo, Como arena del mar, aves que vuelan. Las hizo caer en medio del campamento, Alrededor de sus tiendas. Comieron, y se saciaron; Les cumplió, pues, su deseo. No habían quitado de sí su anhelo, Aún estaba la comida en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, E hizo morir a los más robustos de ellos, Y derribó a los escogidos de Israel. Con todo esto, pecaron aún, Y no dieron crédito a sus maravillas. Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación”.
Ahora, teniendo en mente estos versículos, vemos a leer de nuevo los tres versículos que nos ocuparán en nuestra Mirada de hoy.
Los versículos veintitrés al veinticinco, del salmo setenta y ocho, dicen así:
“Sin embargo, mandó a las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos, E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta saciarles”.
En los versículos anteriores nos dice el salmo que Dios estaba indignado con su pueblo por que eran incrédulos y desobedientes, pero, se compadeció de ellos y atendió sus necesidades, pues dice:
“Sin embargo, mandó a las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos”.
Es decir, quedó claro que lo que recibieron venía de Dios. Pues le envió alimento, pues sigue diciendo:
“E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos”.
Alimento especialmente preparado para ellos desde el cielo, pues dice:
“Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta saciarles”.
¡Cuánta paciencia y misericordia tuvo con ellos! Y con nosotros.
¿Has repasado lo que Dios te da sin merecerlo? Pues dale gracias de todo corazón, porque, en realidad, no mereces nada.