Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 78 – Hipocresía espiritual (412)

Imagen del programa Salmo 78 – Hipocresía espiritual (412) en Radio Solidaria

Avanzando salmo a salmo, y versículo a versículo, hemos llegado al salmo setenta y ocho, que pertenece a la colección de Asaf, el cual, en tiempos de David, dirigía la música del templo, y sus descendientes siguieron con ese ministerio, por lo menos, hasta el regreso del exilio.

El salmo setenta y ocho, el segundo más extenso del salterio, es un recordatorio para desobedientes, pues relata un resumen de la historia del pueblo de Dios desde que fueron liberados de Egipto hasta los tiempos de David y las dos cosas más sobresalientes en ese resumen histórico, son, por un lado, las reiteradas rebeldías del pueblo contra Dios, desobedeciendo su palabra, y olvidando las maravillas de salvación obradas entre ellos.

Y, por otro lado, la asombrosa misericordia de Dios con ellos, ya que, a pesar de castigar sus desobediencias, se compadece de ellos una y otra vez, porque le duele su pueblo y porque se ha comprometido con sus padres.

Vamos a leer diez versículos de este salmo para, después, comentar dos de ellos.

Los versículos treinta y cuatro al cuarenta y tres del salmo setenta y ocho dicen así:

“Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; Entonces se volvían solícitos en busca suya, Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Dios Altísimo su redentor. Pero le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían; Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto. Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Y apartó muchas veces su ira, Y no despertó todo su enojo. Se acordó de que eran carne, Soplo que va y no vuelve. ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, Lo enojaron en el yermo! Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel. No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de la angustia; Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán”.

Ahora vamos a leer de nuevo los dos versículos que comentaremos hoy. Los versículos treinta y seis y treinta y siete, del salmo setenta y ocho, que denuncian la hipocresía del pueblo para con Dios, dicen así:

“Pero le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían; Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto”.

Vamos a detenernos en cada frase, porque tienen mucho contenido.

La primera frase pone su acento en las palabras agradables, que tienen el propósito de aplacar el justo enfado de Dios, pues dice:

“Pero le lisonjeaban con su boca”. La frase siguiente afina la puntería y descubre el engaño de los falsos halagos, pues dice claramente:

“Y con su lengua le mentían”. Las dos frases siguientes, explican, con claridad y sencillez, el porqué de esta actitud engañosa, pues la primera deja claro que no amaban a su Salvador y Señor, ya que dice:

“Pues sus corazones no eran rectos con él”. Y la segunda frase descubre la consecuencia de ese desamor, la inconstancia que incluye la infidelidad, pues dice: “Ni estuvieron firmes en su pacto”.

¡Cuidado con intentar engañar a Dios con una apariencia devota!

Dios nos ve por dentro, no se le puede engañar. Sírvele con sinceridad, saldrás ganando.