Salmo 78 – Misericordia inmensa (413)

Estamos recorriendo el salmo setenta y ocho, que forma parte de la colección de Asaf, el cual, además de muy extenso, es muy rico en enseñanzas.
Este salmo es un resumen de la historia del pueblo de Dios, desde la salida de Egipto hasta el tiempo de David.
Como ya hemos dicho en días anteriores, destacan, sobre todo, dos temas en el salmo, el primero las infidelidades reiteradas del pueblo, rebelándose una y otra vez contra Dios su Salvador.
La segunda, la misericordia de Dios, que les perdona, vez tras vez.
Cada día leemos unos cuantos versículos, para situarnos en el tema, y comentamos dos de ellos.
Los versículos treinta y cuatro al cuarenta y tres del salmo setenta y ocho dicen así:
“Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; Entonces se volvían solícitos en busca suya, Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Dios Altísimo su redentor. Pero le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían; Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto. Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Y apartó muchas veces su ira, Y no despertó todo su enojo. Se acordó de que eran carne, Soplo que va y no vuelve. ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, Lo enojaron en el yermo! Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel. No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de la angustia; Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán”.
Ahora, tras leer estos diez versículos, del salmo setenta y ocho, vamos a leer de nuevo los versículos treinta y ocho y treinta y nueve, para comentarlos en detalle, ya que retratan en pocas y brillantes palabras, la excelsa misericordia de Dios con aquel pueblo tan desobediente y olvidadizo, pues dicen:
“Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Y apartó muchas veces su ira, Y no despertó todo su enojo. Se acordó de que eran carne, Soplo que va y no vuelve”.
Estos dos versículos, del salmo setenta y ocho, que acabamos de leer, nos dejan tres grandezas de la misericordia divina. La primera recuerda como la misericordia de Dios les perdonaba sus maldades, pues dice:
“Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía”. Es decir, les castigaba, pero no los exterminaba como merecían.
La segunda grandeza de la misericordia de Dios con su pueblo, se manifestó en moderar, muchas veces, el merecido castigo, que, de esta forma, no era proporcional a su pecado, pues dice:
“Y apartó muchas veces su ira, Y no despertó todo su enojo”.
Y, la tercera grandeza, de la misericordia de Dios con su pueblo, se manifestó en compasión, en tener piedad de ellos, porque ante Dios no eran nada, lo dice el salmo con estas palabras:
“Se acordó de que eran carne, Soplo que va y no vuelve”.
Merece la pena, leer de nuevo estos versículos, que describen con tanto detalle, la misericordia de Dios con los suyos, terminar dándole gracias por ello. Dicen así:
“Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Y apartó muchas veces su ira, Y no despertó todo su enojo.
Se acordó de que eran carne, Soplo que va y no vuelve”.