Salmo 78 – Dañada la agricultura (417)

Continuamos en el salmo setenta y ocho, que nos ofrece un repaso a la historia del pueblo de Dios, desde la salida de Egipto a los tiempos de David.
Este repaso tiene la finalidad de enseñar la gran lección de la historia: Apartarse de Dios siempre trae malas consecuencias.
Por eso, el salmo recuerda las múltiples rebeldías del pueblo contra Dios, a pesar de las grandísimas bondades recibidas de Él.
Llama la atención el enorme contraste entre la actitud desobediente del pueblo y la paciencia y misericordia de Dios.
Cada día leemos unos cuantos versículos del salmo, para mantener la perspectiva del contexto, y comentamos parte de los mismos.
Hoy leeremos los versículos cuarenta y cuatro al cincuenta y tres, del salmo setenta y ocho, que dicen así:
“Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, para que no bebiesen. Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, Y ranas que los destruían. Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta. Sus viñas destruyó con granizo, Y sus higuerales con escarcha; Entregó al pedrisco sus bestias, Y sus ganados a los rayos. Envió sobre ellos el ardor de su ira; Enojo, indignación y angustia, Un ejército de ángeles destructores. Dispuso camino a su furor; No eximió la vida de ellos de la muerte, Sino que entregó su vida a la mortandad. Hizo morir a todo primogénito en Egipto, Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam. Hizo salir a su pueblo como ovejas, Y los llevó por el desierto como un rebaño. Los guio con seguridad, de modo que no tuvieran temor; Y el mar cubrió a sus enemigos”.
Estos versículos que hemos leído, del salmo setenta y ocho, nos recuerdan parte de las conocidas plagas de Egipto.
El salmista organiza la historia de las plagas en cuatro apartados. Primero, un aviso general a los egipcios, segundo, la ruina de la agricultura, tercero, la destrucción de la ganadería, y, cuarto, la muerte de los primogénitos, cada apartado, es mucho más duro que el anterior.
Hoy veremos el segundo apartado, la ruina de la agricultura.
Vamos a leer de nuevo los versículos cuarenta y seis al cuarenta y siete, que nos recuerdan el terrible aviso, que un pueblo tan agrícola como Egipto recibió en sus campos, por no liberar al pueblo de Dios. Comentaremos hoy estos dos versículos que dicen así:
“Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta. Sus viñas destruyó con granizo, Y sus higuerales con escarcha”.
Los castigos fueron progresivos, cada advertencia que no era atendida, traía un castigo mayor.
La pérdida de las cosechas era un desastre para los egipcios, pero no hicieron caso.
Recordemos de nuevo la descripción que hace el salmo y pensemos en el drama de una población agrícola, cuando se pierden las cosechas, pues dice:
“Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta. Sus viñas destruyó con granizo, Y sus higuerales con escarcha”.
No quedó nada. Resistir a Dios, siempre sale caro, y si aumenta la resistencia, aumenta el daño. Arrepentirse y someterse a Dios es el remedio. Igual antes que ahora.