El libro de la vida: Hageo | Antiguo Testamento

Dios buscó advertir a la gente que buscara Sus palabras. No solo Dios les advirtió, sino que también les ofreció promesas a través de Su siervo Hageo, para motivarlos a seguirlo. Por haber revertido el pueblo de Dios sus prioridades, habiendo fracasado en poner a Dios en el primer lugar de sus vidas, Judá fue enviado al exilio babilónico.
En respuesta a la oración de Daniel y en cumplimiento a las promesas de Dios, Dios dirigió a Ciro el rey persa, a permitir que los judíos en exilio regresaran a Jerusalén.
Un grupo de judíos regresó a su tierra con gran gozo, puso a Dios en el primer lugar en sus vidas, lo adoraron, y comenzaron a reconstruir el Templo de Jerusalén, sin el apoyo de la gente local que vivía en Palestina. Su valiente fe se encontró con oposición de la población local, así como del gobierno persa, durante aproximadamente 15 años.
Salmo 78 – Liberación total (420)

Seguimos recorriendo el salmo setenta y ocho, que forma parte de la colección de Asaf, que dirigía la música del templo en tiempos de David.
El salmo setenta y ocho es muy extenso, por eso le dedicamos muchos días, porque comentamos todos sus versículos.
Cuando el salmo que comentamos es breve, lo leemos entero cada día, y vamos comentando cada versículo, hasta terminarlo, para tener siempre delante el contexto del versículo que comentamos.
Como este salmo es muy extenso, leemos cada día unos diez versículos y repetimos la lectura hasta que terminamos de comentarlos, para facilitar la percepción del contexto.
Hoy leeremos los versículos cuarenta y cuatro al cincuenta y tres, del salmo setenta y ocho, que dicen así:
“Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, para que no bebiesen. Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, Y ranas que los destruían. Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta. Sus viñas destruyó con granizo, Y sus higuerales con escarcha; Entregó al pedrisco sus bestias, Y sus ganados a los rayos. Envió sobre ellos el ardor de su ira; Enojo, indignación y angustia, Un ejército de ángeles destructores. Dispuso camino a su furor; No eximió la vida de ellos de la muerte, Sino que entregó su vida a la mortandad. Hizo morir a todo primogénito en Egipto, Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam. Hizo salir a su pueblo como ovejas, Y los llevó por el desierto como un rebaño. Los guio con seguridad, de modo que no tuvieran temor; Y el mar cubrió a sus enemigos”.
Ahora, como te hemos indicado antes, tras leer estos versículos del salmo setenta y ocho, vamos a leer de nuevo los versículos cincuenta y dos y cincuenta y tres para comentarlos.
Estos versículos resumen la total liberación del pueblo escogido, después de siglos de esclavitud, pues mencionan la conducción de Dios, su protección y la destrucción total de sus enemigos.
Es difícil decir más cosas, con menos palabras. y con tanta claridad. Estos versículos dicen así:
“Hizo salir a su pueblo como ovejas, Y los llevó por el desierto como un rebaño. Los guio con seguridad, de modo que no tuvieran temor; Y el mar cubrió a sus enemigos”.
La secuencia es muy descriptiva y sencilla de comprender, veamos, primero menciona la salida, todos juntos, que Dios mismo ordena, pues dice: “Hizo salir a su pueblo como ovejas”.
Seguidamente menciona la conducción amorosa por terreno desconocido y hostil, pues dice: “Y los llevó por el desierto como un rebaño”.
A continuación les recuerda la seguridad que les daba la compañía constante de Dios, pues dice:
“Los guio con seguridad, de modo que no tuvieran temor”. Y, por último, relata la muerte de los orgullosos ejércitos egipcios, que les perseguían, sumergidos para siempre en el mar rojo, pues dice: “Y el mar cubrió a sus enemigos”.
Así pues, lo que recordaban eran que la salvación nacional, nada menos, era por completo obra de Dios, ellos no hicieron nada, ni para merecerla ni para conseguirla, ni para llevarla a cabo.
Estos sigue siendo así, nadie puede salvarse por si mismo. Solo Dios salva.