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Salmo 78 – Herencia recibida (421)

Imagen del programa Salmo 78 – Herencia recibida (421) en Radio Solidaria

En nuestro recorrido diario por el libro de los salmos hemos llegado al salmo setenta y ocho, de la colección de Asaf, que nos ofrece un repaso de la historia de Israel, desde su inicio como nación, al ser liberados por Dios de la esclavitud en Egipto, hasta el reinado de David.

Este repaso histórico tiene el propósito de recordar al pueblo de Dios su pasado de ingratitud y desobediencias constantes contra Dios, para que se diesen cuenta que habían sido tratados con gran paciencia y misericordia y que valía la pena ser fieles y obedientes.

Cada día leemos unos cuantos versículos, para tener delante algo del conjunto del salmo que nos permita comprender mejor los dos versículos que comentamos.

Los versículos cincuenta y cuatro al sesenta y cuatro del salmo setenta y ocho, que servirán de fondo a nuestra Mirada de hoy, dicen así:

“Los trajo después a las fronteras de su tierra santa, A este monte que ganó su mano derecha. Echó las naciones de delante de ellos; Con cuerdas repartió sus tierras en heredad, E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel. Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios; Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres; Se volvieron como arco engañoso. Le enojaron con sus lugares altos, Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. Lo oyó Dios y se enojó, Y en gran manera aborreció a Israel. Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo, La tienda en que habitó entre los hombres, Y entregó a cautiverio su poderío, Y su gloria en mano del enemigo. Entregó también su pueblo a la espada, Y se irritó contra su heredad. El fuego devoró a sus jóvenes, Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales. Sus sacerdotes cayeron a espada, Y sus viudas no hicieron lamentación”.

Ahora que hemos leído estos once versículos del salmo setenta y ocho, vamos a leer de nuevo los dos que ocuparán nuestra Mirada de hoy.

Se trata de los versículos cincuenta y cuatro y cincuenta y cinco, que dicen así:

“Los trajo después a las fronteras de su tierra santa, A este monte que ganó su mano derecha. Echó las naciones de delante de ellos; Con cuerdas repartió sus tierras en heredad, E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel”.

El salmo recuerda cuando fueron conducidos por Dios hasta la tierra que les había dado, diciendo:

“Los trajo después a las fronteras de su tierra santa, A este monte que ganó su mano derecha”.

Y añade seguidamente que fue el mismo Dios quien llevó a cabo la conquista diciendo:

“Echó las naciones de delante de ellos”. Pero no solo hizo la conquista por ellos, sino que, además organizó la distribución del territorio, pues añade:

“Con cuerdas repartió sus tierras en heredad”. Y terminan estos dos versículos diciéndonos como les estableció en sus nuevas moradas, diciendo:

“E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel”.

Todo lo hizo Dios, era importante recordárselo. Porque ellos, como nosotros, tenían siempre la tentación de pensar que se habían salvado y que habían conquistado por si mismos.

Nosotros también necesitamos recordar.