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Salmo 78 – Castigados duramente (425)

Imagen del programa Salmo 78 – Castigados duramente (425) en Radio Solidaria

Continuamos recorriendo el salmo setenta y ocho y meditando en sus enseñanzas.

Este salmo forma parte de la colección de Asaf que dirigía la música del santuario en tiempos de David y cuya familia conservó este ministerio por lo menos hasta el regreso del exilio.

El salmo es un repaso a la historia nacional con la finalidad de recordarles sus reiteradas desobediencias y rebeldías contra Dios así como la gran misericordia de este para con ellos.

Cada día leemos unos cuantos versículos para percibir algo del contexto y después comentamos dos o tres para no dejar atrás nada del salmo.

Vamos pues a leer los versículos cincuenta y cuatro al sesenta y cuatro del salmo setenta y ocho que dicen así:

“Los trajo después a las fronteras de su tierra santa, A este monte que ganó su mano derecha. Echó las naciones de delante de ellos; Con cuerdas repartió sus tierras en heredad, E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel. Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios; Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres; Se volvieron como arco engañoso. Le enojaron con sus lugares altos, Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. Lo oyó Dios y se enojó, Y en gran manera aborreció a Israel. Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo, La tienda en que habitó entre los hombres, Y entregó a cautiverio su poderío, Y su gloria en mano del enemigo. Entregó también su pueblo a la espada, Y se irritó contra su heredad. El fuego devoró a sus jóvenes, Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales. Sus sacerdotes cayeron a espada, Y sus viudas no hicieron lamentación”.

Teniendo en mente estos versículos del salmo setenta y ocho, vamos a leer de nuevo los tres últimos para comentarlos en detalle.

Los versículos sesenta y dos al sesenta y cuatro, del salmo setenta y ocho completan la información de la vergonzosa derrota sufrida después de intentar manipular a Dios que ya les había anunciado la catástrofe que era resultado de su desobediencia, el cuadro es realmente triste, trágico, pues estos versículos dicen así:

“Entregó también su pueblo a la espada, Y se irritó contra su heredad. El fuego devoró a sus jóvenes, Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales. Sus sacerdotes cayeron a espada, Y sus viudas no hicieron lamentación”. La descripción es muy dramática, comienza con una visión general de la derrota, diciendo:

“Entregó también su pueblo a la espada, Y se irritó contra su heredad”. Pero después desciende a detalles estremecedores de una generación joven destruida, pues dice:

“El fuego devoró a sus jóvenes”, y, como consecuencia no hubo bodas porque habían perecido los jóvenes, lo dice así: “Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales”.

Ahora vuelve sus ojos a los que permitieron que el arca fuese llevada a la batalla y dice: “Sus sacerdotes cayeron a espada, Y sus viudas no hicieron lamentación”.

Las consecuencias de desobedecer a Dios son siempre graves y no se arreglan a no ser con un sincero arrepentimiento. ¿Cuál es tu caso?