El libro de la vida: Zacarías | Antiguo Testamento

Zacarías enfatizó que Dios había usado a Sus profetas para enseñar, advertir, y corregir a Su pueblo. Desafortunadamente, ellos se negaron a escuchar. Su pecado les acarreó el castigo de Dios.
El libro también muestra evidencia de que aún la profecía puede ser corrompida.
La historia muestra que en este período, la profecía cayó en descrédito entre los judíos, conduciendo al período entre los dos Testamentos, cuando ninguna voz profética perdurable habló al pueblo de Dios.
El Libro de Zacarías enseña que la salvación puede ser obtenida por todos. El último capítulo describe a gente de todo el mundo viniendo a adorar a Dios, quien desea que toda la gente lo siga.
Esta no es la doctrina del universalismo, p. ej., que toda la gente será salva porque es la naturaleza de Dios el salvar. Más bien, el libro enseña que Dios desea que toda la gente lo adore, y acepta a aquellos que lo hacen, independientemente de sus expresiones nacionales o políticas, como en la liberación de Judá y Jerusalén de sus enemigos políticos.
Finalmente, Zacarías predica que Dios es soberano sobre este mundo, a pesar de cualquier apariencia. Sus visiones del futuro, indican que Dios ve todo lo que sucederá. Las descripciones de la intervención de Dios en el mundo, enseñan que en última instancia, Él traerá los acontecimientos humanos al fin que Él decida.
Salmo 79 – Imploran favor (430)

Estamos recorriendo el salmo setenta y nueve, que pertenece a una colección de doce salmos que tienen como autor a Asaf o algún descendiente de su familia.
El Asaf más conocido dirigía la música del santuario en tiempos de David, pero este salmo es escrito varios siglos más tarde, pues es una petición a de restauración después de la destrucción de Jerusalén y del templo.
Cada día leemos algunos versículos para tener mejor percepción del contexto, y después comentamos parte de ellos.
Hoy leeremos los versículos uno al ocho del salmo setenta y nueve que dicen así:
“Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad; Han profanado tu santo templo; Redujeron a Jerusalén a escombros. Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos, La carne de tus santos a las bestias de la tierra. Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, Y no hubo quien los enterrase. Somos afrentados de nuestros vecinos, Escarnecidos y burlados de los que están en nuestros alrededores. ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo? Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen, Y sobre los reinos que no invocan tu nombre. Porque han consumido a Jacob, Y su morada han asolado. No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados; Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, Porque estamos muy abatidos”.
Ahora, después de leer los primeros versículos del salmo setenta y nueve, que nos describen la terribles destrucción de Jerusalén y la petición angustiada de la ayuda divina, vamos a leer de nuevo el comienzo de la petición que encontramos en los versículos cinco al ocho, para después comentarlos, y que dicen así:
“¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo? Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen, Y sobre los reinos que no invocan tu nombre. Porque han consumido a Jacob, Y su morada han asolado. No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados; Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, Porque estamos muy abatidos”.
En estos versículos, de dolorosa petición, hay cuatro pasos muy definidos, vamos a verlos. Primero, el salmo expresa el deseo de que el dolor termine, diciendo: “
¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo?”.
A renglón seguido, pide el justo castigo de los agresores, diciendo: “Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen, Y sobre los reinos que no invocan tu nombre. Porque han consumido a Jacob, Y su morada han asolado”.
En tercer lugar, reconoce el pecado y pide perdón diciendo: “No recuerdes contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados”. Y, en cuarto lugar, pide lo que no merecen, porque están al límite de sus fuerzas, diciendo: “Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, Porque estamos muy abatidos”.
Recordemos que Dios siempre recibe con perdón al quien acude a Él con sincero arrepentimiento.
La misericordia del Señor recibe a los pecadores contritos. No lo dudes, ve a Él hoy mismo.