vemos 67

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Salmo 79 – Ayuda testimonio (431)

Estamos repasando el salmo setenta y nueve que es una ardiente súplica tras la destrucción de Jerusalén por los babilonios, descrita en los cuatro primeros versículos, y pertenece a la colección de salmos escritos por Asaf, aunque, en este caso, sería un descendiente del que dirigía la música del santuario cinco siglos antes, porque los descendientes conservaron el mismo ministerio, por lo menos, hasta el regreso del exilio.
Leeremos los versículos nueve al trece para después comentar el nueve y el diez.
Los versículos nueve al trece del salmo setenta y nueve, dicen así:
“Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; Y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. Porque dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios? Sea notoria en las gentes, delante de nuestros ojos, La venganza de la sangre de tus siervos que fue derramada. Llegue delante de ti el gemido de los presos; Conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte, Y devuelve a nuestros vecinos en su seno siete tantos De su infamia, con que te han deshonrado, oh Jehová. Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, Te alabaremos para siempre; De generación en generación cantaremos tus alabanzas”.
Ahora, después de leer los versículos nueve al trece del salmo setenta y nueve, vamos a leer de nuevo los versículos nueve y diez antes de comentarlos desde nuestra Mirada de hoy. Los versículos nueve y diez del salmo setenta y nueve dicen así:
“Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; Y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. Porque dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios? Sea notoria en las gentes, delante de nuestros ojos, La venganza de la sangre de tus siervos que fue derramada”.
El honor de Dios es particularmente invocado en estos dos versículos como apoyo principal de la súplica. La primera frase dice dos cosas muy importantes de Dios, que es el salvador de su pueblo y que su nombre glorioso será ensalzado si les libera, pues dice:
“Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre”.
La frase siguiente es aun más explícita pues, apoyándose de nuevo en el prestigio de Dios, pide liberación y perdón, ya que dice:
“Y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre”.
Que su petición no se apoya en méritos propios o en derechos adquiridos, sino en la reputación de Dios, queda claro en la siguiente frase que dice:
“Porque dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios?”.
Y concluye esta parte de la petición añadiendo la misma idea, pero ahora incluyendo en ella a los fieles que han sufrido, pues dice:
“Sea notoria en las gentes, delante de nuestros ojos, La venganza de la sangre de tus siervos que fue derramada”. Queda claro que el salmista no pide ayuda para librarse por si mismo, ni para vengarse, sino que pide que prevalezca en todo el prestigio de Dios.
Recordemos esto, que nuestras peticiones, originadas por nuestras necesidades, desgracias o fracasos, no nos tengan a nosotros como motivo principal, sino que Dios sea glorificado.